El longevo “RMS Queen Mary”

A pocos días del octogésimo aniversario del viaje inaugural del legendario Queen Mary, Guido Minerbi nos entretiene con una nota donde desgrana parte de la historia de esta maravillosa nave.

Queen Mary

Postal del Queen Mary en sus épocas de transatlántico.

El Rey George despide a la Reina Mary

En un ya lejano 1936 el Rey George V del Reino Unido despidió el nuevo barco Queen Mary de la naviera Cunard en el puerto de Southampton. Según expresó emocionado el monarca, el barco  que -a partir de entonces lucía un nombre propio- era "vital en su belleza, energía y potencia y auguramos que su vida en los grandes mares extienda la amistad entre los pueblos..."

No sorprenden las palabras del rey británico, abuelo de la actual Reina Isabel II, ya que durante toda su construcción, este enorme barco había sido identificado, hasta su bautismo, como el “Proyecto Nº 534”.  La Cunard Line, que encargó la construcción del barco en 1930 a un astillero escocés situado en Clydebank, sufrió graves problemas económicos durante la Gran Depresión. Aun así, con inevitables atrasos, el navío finalmente pudo ser botado y comenzó a efectuar sus viajes de línea entre Southampton en el Reino Unido y New York en los Estados Unidos.

Anécdota

El barco ha sido fuente de incontables anécdotas, y probablemente la más notable se deba a un malentendido entre el Rey George V y los directivos de la empresa naviera. Aquí vale la pena reseñar que las empresas navieras no suelen poner nombres casuales a sus navíos. La mayoría bautiza sus naves con nombres que la distinguen a la par de sus respectivas marcas. Por ejemplo, la tradicional Costa Crociere, conocida en sus inicios como la Línea C, solía dar a sus naves nombres de integrantes de la familia de armadores. Así a través de los años llegaron a Buenos Aires barcos como el Andrea C., Anna C., Federico C., Enrico C. hasta llegar al mayor, el Eugenio C. de estilizadas líneas y con sus características chimeneas gemelas amarillas situadas hacia popa.  Otras como la Española Ybarra solían tener “Cabos” y “Montes” (Cabo de Hornos, Cabo de Buena Esperanza, Monte Udala, etc.) y la Societá Italia, conocida aquí como Italmar solía bautizar sus grandes navíos con nombres de emperadores romanos como Giulio Cesare y Augustus, grandes “condottieri” del pasado como Andrea Doria, o grandes artistas (Leonardo da Vinci, Michelangelo o Raffaello). En el Río de la Plata los históricos “vapores de la carrera” eran “Ciudad de…” (como el Ciudad de Buenos Aires, el Ciudad de Montevideo o el Ciudad de Paraná) o  “General…”  (General Alvear, General Artigas).

Cunard no era la excepción y por muchísimos años los nombres de sus barcos solían terminar en “ia”, como el Mauretania, Aquitania, Berengeria).  Es por eso que sus directivos respiraron con alivio cuando vieron que por casualidad podían honrar a la familia real sin apartarse de su tradicional “ia” final. La abuela de actual reina había sido la gran Reina Victoria, por lo cual solicitaron una audiencia al soberano y le informaron que el nuevo barco almirante de su flota llevaría el nombre de la más grande reina británica, en la seguridad de que el rey pensaría inmediatamente en su abuelita. ¡Pero no!: la respuesta real los dejó fríos. Según mencionaron luego, el rey no captó la alusión a la Reina Victoria y respondió que su esposa -la Reina Mary- ¡estaría encantada de saber que Cunard había decidido bautizar el nuevo coloso de los mares con su nombre! Los deseos de un rey son órdenes para sus súbditos, y así el Queen Victoria no llegó a ser (hasta 77 años más tarde), siendo reemplazado (el nombre) por el Queen Mary… En realidad, la cosa de los nombres se ablandó bastante luego de esta "orden real" y si bien el siguiente barco de la flota se llamó Mauretania (1939) la compra por parte de Cunard, de la White Star Line, le sumó a su flota los famosos buques de la terminación "ic", tal fue el caso del Britannic y el Georgic y esto mismo sucedió con varias empresas más que compró la británica naviera fundada por Don Samuel (Cunard)...

Viaje inaugural y sólo tres años de viajes

El Queen Mary partió de Southampton rumbo a New York en su cruce inaugural del Atlántico Norte el 27 de mayo de 1936. Sus cinco restaurantes, piletas de natación y bares, a los que se sumaban un gran salón de baile, una cancha de “squash” y hasta un hospital perfectamente equipado, lo convirtieron inmediatamente en el elegido de los pudientes, los famosos, los grandes nombres de la realeza y la política, los diplomáticos, los que hoy calificaríamos como Vips o miembros del “jet-set” y las infaltables estrellas de Hollywood. Puede afirmarse que este barco sentó las bases de lo que luego sería el nuevo estándar para los viajes transatlánticos de “alta gama”.  Entre algunos de sus huéspedes más recordados se cuentan los Duques de Windsor, Sir Winston Churchill y actores de la talla de Clark Gable y Bob Hope. Por 14 años el Queen Mary ostentó el “blue riband”, galardón que se otorga al barco más rápido en el Atlántico Norte. Ese mismo galardón había correspondido a un gran barco italiano, el Rex. Los cinéfilos amantes del cine de Federico Fellini seguramente recordarán una de las más famosas secuencias de su multipremiada “Amarcord” (Yo me acuerdo), que muestran precisamente una flotilla de pequeñas embarcaciones en aguas cercanas a Rimini en plena noche, cargadas de una multitud bochinchera congregada precisamente para ver pasar el gran transatlántico profusamente iluminado.

Amarcord

Escena de Amarcord donde pasa el famoso transatlántico "Rex"

La vida apacible del Queen Mary como barco de pasajeros duró poco, ya que sólo tres años después del cruce inaugural, hacia fines de 1939 fue “reciclado” para ser utilizado para el transporte de tropas. Había comenzado la Segunda Guerra Mundial. Convertido en nave de transporte, en cada cruce pudo llevar la asombrosa cantidad de 16.000 soldados. Sólo en 1947, tras un exigente trabajo de reacondicionamiento para restituirle su antiguo lujo y señorío, el Queen Mary volvió a hacerse a la mar y siguió uniendo las dos orillas del Atlántico por unos veinte años más. Durante la guerra el barco perdió sus colores originales que lo hacían demasiado visible y un blanco ideal para los submarinos alemanes del Tercer Reich. Lo repintaron de un gris apagado para camuflarlo y en esos años ya dejó de ser el Queen Victoria que nunca había llegado a ser, ni el Queen Mary que había terminado siendo, sino el “Grey Ghost” (Fantasma Gris) por su fantasmal apariencia de tonos ceniza al surcar los mares del Norte.

Video: Síntesis de la historia del Queen Mary

Pérdidas, riesgo de desguace y nueva vida

En el año 1965 toda la flota de Cunard estaba dando cuantiosas pérdidas y sus directivos decidieron jubilar el emblemático navío. Tal como ha sucedido con tantos maravillosos barcos de antaño, el Queen Mary corrió el riesgo de ser condenado al desguace… ¡Pero no!  Le faltaba realizar su último viaje en mar abierto para llegar hasta el Oeste de los Estados Unidos, y más precisamente al puerto de la ciudad de Palm Beach, California. El Ayuntamiento de la ciudad lo había adquirido a Cunard para convertirlo en un histórico hotel y spa de cinco estrellas, amarrado a uno de los muelles.  Desde 1965 hasta la fecha, el Queen Mary, devuelto a su esplendor original, ha estado deleitando a sus huéspedes como el más exclusivo hotel flotante.

Dada su proximidad con la meca cinematográfica (Hollywood) no estuvo exento de ser parte en algunos filmes, en papeles tales como la nave SS Poseidon en la película del director Irwin Allen La aventura del Poseidón (1970), película que fue ganadora del Óscar por efectos visuales; y más tarde en el filme Pearl Harbor de 2001, donde aparecen Ben Affleck y Kate Beckinsale en una escena de romance, y en la película Titanic II en algunas de las escenas donde el barco está amarrado en el puerto.

Queen Mary_Long_Beach

El Queen Mary ya en su amarradero final, en Long Beach, California.

En la actualidad los “cruceros” que se pueden hacer en él pueden durar un solo día y tienen la peculiaridad de que el barco jamás se aparta del muelle y que sus afortunados huéspedes se embarcan y desembarcan en la misma ciudad -Palm Beach- sin que el oleaje pueda afectar su descanso en las lujosas cabinas y suites. Así, hoy uno puede darse el gusto de embarcarse en un crucero -¡a ninguna parte!- en un grandioso barco-hotel, con características de gran museo, en el cual se realizan constantemente, eventos, convenciones, festejos, reuniones, casamientos, desfiles de moda, lanzamientos y todo lo que a uno se le pueda ocurrir. De una cosa no cabe duda: sea cual sea el motivo de subir a bordo, el Queen Mary le  proporcionará el marco más memorable.

Un dato de interés, expresado en pesos argentinos: se puede reservar hoy una cabina a bordo por aproximadamente 2.500 pesos. Es un valor que no parece exorbitante para pasar una noche en lo que no deja de ser un histórico museo flotante en las aguas de California…

Vea mas información del hotel The Queen Mary 2

Fuentes: Cunard Line / Wikipedia / Olympic WS / Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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