Tres destinos en un día

Un día maratónico puso a prueba el estados físico del team de Noticias de Cruceros, en la escala más austral de su crucero.

Isla Enterprise

En la Isla Enterprise asoma esta proa. Un pecio que es mudo testigo del peligro que encierra la navegación antártica.

A bordo del Sea Spirit.- A diferencia de los cruceros tradicionales donde una escala (port of call) es usualmente realizada por medio o un día entero, en los cruceros de expedición la meta es tratar de perseguir la avifauna local, logrando maratónicos días donde se juntan muchas escalas.

Tal fue el caso de este día donde visitamos la Isla Enterprise, donde en un paseo con los zodiac pudimos ver algunas focas de weddell, lobos marinos y los simpáticos pingüinos gentoo que se escondían entre los icebergs y los glaciares.

También vimos los restos de un naufragio, luego del incendio de una nave cuyos restos aún están esparcidos por el área.

Un silencio sepulcral invadió nuestro zodiac, la antártida se había "tragado" un barco y su tripulación, y ahora solo veíamos al pecio mostrando su brutal cáscara de metal retorcido.

El día estaba nublado y la temperatura no subía de los 3°C sin embargo con nuestra ropa estanca (impermeable) y preparados bien para el frío, se podía estar tranquilamente sacando fotos.

Más tarde fuimos a la Isla Cuverville, donde tanto los kayakistas como los que hacíamos “landing” pudimos bajar y ver la población más grande de pingüinos gentoo de la zona, con muchos pichones que exigían a sus progenitores alimento a los gritos.

Luego durante un paseo con los zodiacs pudimos ver focas cangregeras y de weddell, además de escuchar y ver una avalancha en un iceberg y su lógico giro en virtud de su nuevo centro de equilibrio.

Más tarde aún y con una temperatura que ya casi no llegaba a los 2°C llegamos a la Bahía Paraíso, donde se encuentra la base argentina Almirante Brown. Según nos dijeron “la base está cerrada al público” sin embargo se podía subir hasta el tope para tener una vista de 360° de la bahía. En la base podían verse los restos de la incendiada base anterior y algunos edifiicos que permanecen cerrados.

Siendo el único argentino a bordo quise visitar a mis compatriotas, quienes me recibieron de buen modo, mientras preparaban un asado para uno de ellos que cumplía años. Sin duda era tierra argentina.

Me retiré pensando que quizás sería bueno tener una política que incluya la recepción de turistas y el mostrar qué se hace en las bases antárticas, o sea incluír un fin turístico además de las tareas que allí se realizan. Como dato ilustrativo, la base inglesa Port Lockroy, distante a pocas millas de allí, factura más de US$ 1 millón por temporada, en concepto de venta de souvenirs.

Los pingüinos gentoo parecían ser los únicos ocupados por esos lares, yendo y viniendo para alimentar a sus crías.

Una vez más volvimos a la nave, limpiando nuestros calzados y yendo a comer y a ver qué haríamos al día siguiente.

Los más fuertes se juntaron en el Club, a tomar algo y escuchar el piano de Johnny y los demás sucumbimos a los brazos de Morfeo en nuestras respectivas cabinas.

Al final del día nuestro GPS marcó 64°53,5´de latitud Sur (la escala más al sur que hicimos en todo el crucero) y 062°51,4´de longitud Oeste. La temperatura aún se mantenía por encima de los 0°C.

Vea más fotos de este increíble viaje en nuestro FACEBOOK.

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La asistencia de este crucero fue brindada por Coris, la compañía de asistencia al viajero en Argentina.

Fuente: Noticias de Cruceros

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