Mar picado entre las Malvinas y Madryn

A pesar de la latitud de nuestro viaje, hasta ese momento el mar había mostrado su cara más amigable. En esta entrega veremos que ya: no.

Crystal Symphony en Madryn

El Crystal Symphony en el Muelle Piedrabuena, en Puerto Madryn

A bordo del Crystal Symphony.- A poco de zarpar de las Malvinas el mar empezó a encresparse y el Capitán Zander hizo público en su habitual anuncio de la tarde que el mar estaría rough (algo así como áspero o rudo) y que el Symphony se haría eco del oleaje, cabeceando y rolando. La predicción se confirmó a poco de partir y durante toda la noche la nave se movió bastante, haciendo necesaria una especial cautela al caminar o al subir o bajar por las escaleras. La habilidad de mozos y mozas nos llamó la atención, porque no se escuchó el ruido de ninguna copa o plato roto como hubiera sido lógico esperar. Volvimos a pasar la velada en el Hollywood Theatre donde disfrutamos de una película recientemente estrenada con una notable actuación de Tom Hanks en una trama ubicada en Berlín, en plena guerra fría.

A la mañana siguiente el mar no se había calmado sino que, al llegar la hora de la cena, nuevamente el Capitán Zander tuvo que alertar a los huéspedes que habría otra noche bastante movida. Después de la cena fuimos a acomodarnos en el Galaxy Lounge, a la espera de que comenzara el show protagonizado por un músico que, a la vez, es un excelente cómico. Nos llamó la atención que minutos antes de las 22:30, hora fijada para el comienzo del show, todavía no hubiera nada montado en el escenario. Fue en ese momento que el Director del Crucero Paul McFarland se acercó al escenario y se sentó en el borde, para anunciar que lamentablemente el show debería cancelarse porque no era seguro para los músicos y el cómico exhibirse con el mar tan agitado. Cabe destacar que el salón está ubicado a proa y que se escuchaban claramente los embates de las olas contra la misma. McFarland resultó ser él mismo un histrión y cómico de primer nivel y entretuvo a todos los presentes con un vivaz y breve monólogo en el que abundaron excelentes chistes que fueron recibidos con aplausos. A partir de allí el gran salón se fue vaciando y la mayoría de los huéspedes nos retiramos a nuestras cabinas, donde al mirar por la amplia ventana que da al balcón, gozamos de un espectáculo imprevisto y magnífico: el mar, rough como pocas veces, agitado por un viento que alcanzó por momentos el grado 9 de la escala Beaufort, de pronto se convirtió en una especie de torrente de plata fundida recién vertida por un crisol gigantesco: era una noche tersa, con una enorme luna llena que se reflejaba en cada cresta hecha espumosa por las ráfagas. Gozamos del espectáculo agarrándonos siempre de algo porque mantener el equilibrio se hacía más difícil por momentos.

Lo mejor sería aprovechar la bañera Jacuzzi de nuestra suite, y darnos un maravilloso baño con hidromasaje con agua bien caliente y sales.  Después de eso, acunados por el mar, conciliar el sueño fue algo inmediato. Nos despertamos muy temprano a la mañana, extrañados de que el barco hubiera dejado de sacudirse: es que habíamos ingresado a las tranquilas aguas del Golfo Nuevo y en un par de horas atracaríamos en el largo muelle de Puerto Madryn, donde pudimos desembarcar a los pocos minutos de haber llegado. Serían, como mucho, las 8:00 y minutos. Ya conocíamos Madryn y habíamos estado dos veces en la Península Valdés, en Puerto Pirámides y en Punta Tombo. Por eso,  aprovechando que el Symphony recién zarparía a las 17:00 resolvimos organizar nuestra propia excursión en compañía de una pareja de nuestros compañeros de mesa. Primero tratamos con un par de taxistas que para ir hasta Gaiman pretendían una cifra realmente exorbitante, al ver que acabábamos de bajar del barco. Les explicamos que éramos argentinos y que teníamos una idea clara de los precios. ¡Mágicamente, la tarifa inicial bajó un 80%! Les agradecimos y, obviamente, no aprovechamos la generosa oferta.  Fuimos a la cercana terminal de ómnibus, sacamos los pasajes para Trelew donde cambiamos de ómnibus y llegamos a Gaiman en aproximadamente una hora y media. Teníamos altas expectativas, pero realmente no se cumplieron. Tampoco el famoso té galés nos impactó mucho y lo más interesante del paseo fue recorrer el árido paisaje patagónico que proporcionó un vivo contraste con el que habíamos disfrutado en la Antártida. Regresamos a Puerto Madryn y pudimos constatar una extraña coincidencia con lo que ya habíamos vivido en Ushuaia. Por casualidad, tocamos ambos puertos en un día domingo, y en ambos se dio la misma situación. Aparentemente el asadito dominical o los ravioles de la abuela pueden más que los buenos negocios. Así, tanto en Ushuaia como en Puerto Madryn el comercio estaba masivamente cerrado, de modo que los cientos de viajeros que desembarcaron del Symphony con la intención de comprar souvenirs, regalos y productos regionales se quedaron con las ganas. Uno se pregunta si no sería mejor, sabiendo que llegará un gran barco al puerto local, dejar el asadito y las pastas para otro día y tener los negocios abiertos para hacer buenas ventas. Lo mismo podría decirse de los señores taxistas, que no hacen otra cosa que ahuyentar al turista que viene lleno de expectativa a conocer nuestro hermoso país. Pero quizás eso sea mucho pedir: mejor dejar de hacer buenos negocios o hacer viajes a precios accesibles, pero disfrutar de un buen asado y exquisitos ravioles.

Para más información sobre Crystal Cruises y sus cruceros consulte a su agente de viajes o a García Fernandez Turismo, tel. +54 11 4320-1450

Fuente: Noticias de Cruceros

Comentarios

comentarios

Powered by Facebook Comments

banner-costa-pie_noviembre-2016

Super_Tarifa_MSC2

García Fernández Turismo

Alamo Rent a Car

Daily_Travelling_News

Minerbi & Silveira Comunicación Corporativa

Cruise Crew Only

Artefisico

Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

Tags: