Anclamos en las Malvinas

Por segunda vez un equipo de Noticias de Cruceros toca las Islas Malvinas/Falkland, esta vez con la suerte de realizar una excursión en 4×4 a una gran pingüinera.

Symphony_en_Malvinas

El Symphony en Malvinas

A bordo del Crystal Symphony.- La llegada a las Malvinas es siempre muy impactante. El Symphony detuvo su marcha alrededor de las siete frente a una costa baja y desierta, apenas visible en la bruma matinal. La primera sensación fue que el barco se había detenido caprichosamente en un lugar cualquiera del Atlántico Sur, frente a una costa deshabitada. De todas maneras, equivocada o no, la escala iba a ser prolongada, porque el barco ancló. Desayunamos rápidamente porque habíamos reservado una excursión que saldría a las 12:00 desde el puerto y nos llevaría a visitar una gran pingüinera. Subimos al tender que nos esperaba en la cubierta 4, y en unos diez minutos rodeamos el extremo de un islote muy rocoso con un pequeño faro y frente a nosotros apareció el puerto, donde había amarrados dos barcos pesqueros de un cierto tonelaje. El sol no había penetrado las nubes pero había buena luz en la que se destacaban los colores vivaces de algunos techos y algunas casas, por más que la mayoría de ellas tuviera paredes blancas. Pero aquí una ventanita, allá una puerta o una baranda, prácticamente no había una sola casa que no tuviera una nota de color, seguramente para contrarrestar el habitual gris del cielo y del mar. Una profusión de flores -especialmente hermosas digitalis de varios colores, entre los que dominaban el rosa y el violeta, y unos arbustos cubiertos de florcitas amarillas, lejanos parientes de nuestras retamas, nos recordaron que con frío y todo, estábamos en verano.

Costanera

Costanera, junto al muelle de los tender

Ya habíamos estado en las Malvinas el año pasado pero nuestro paseo había sido aguado por una fuerte lluvia y un viento endiablado. Esta vez nos fue mucho mejor, porque cada tanto cayó una tenue llovizna y el viento prácticamente no nos molestó.

En el paseo previo a la excursión a la pingüinera, recorrimos varias cuadras sacando fotos y deteniéndonos cada tanto a observar el paisaje. Recorrimos buena parte de la calle Ross, que viene a ser la costanera sobre lo que parece ser una bahía angosta o un fiordo y de un momento a otro nos llevamos una sorpresa mayúscula. Asomado al mar, nos encontramos frente a un pequeño hotel con un gran letrero Malvina House Hotel. Nos pareció muy extraño que en la capital de las islas, que los lugareños llaman Falkland y los hispanohablantes y entre ellos los argentinos- conocen como Malvinas el dueño de un hotel hubiera puesto Malvina a su establecimiento. Somos curiosos, y decidimos ir a tomar un té en el bar del hotel para tratar de salir de dudas. El mozo, que resultó ser chileno, ante nuestra pregunta nos explicó que Malvina no tenía nada que ver con Malvinas y que se trataba de un nombre propio. Tomamos el té, que dicho sea de paso, nos costó -en libras convertidas a dólares- tres dólares por cabeza, pagamos y fuimos a la recepción donde hablamos con la empleada, ésta sí malvinense para que nos aclarara. Por la cara de aburrimiento que puso, nos dimos cuenta de que no era ni la primera ni la última vez que alguien le hacía la pregunta. Aun así nos respondió con mucho detalle. Malvina -sin la “s” final, puntualizó- es un nombre propio de mujer, y era el de la hija menor del fundador del hotel. En particular, no se trata de un nombre inglés, sino escocés. Al ver que estábamos algo desconcertados, ya con mucha simpatía, nos explicó que un escritor escocés, James Macpherson, que vivió a mediados de 1700, escribió una obra titulada Cantos de Ossian, uno de cuyos personajes femeninos se llama precisamente Malvina, un nombre inventado. Por el contrario, es cosa sabida que el nombre castellano de las islas es “Malvinas”, recuerda a los pescadores franceses de Saint Maló, de donde deriva en francés el adjetivo malouins.  Calmada nuestra curiosidad, no pudimos evitar pensar que se trataba de una extraña coincidencia que en las islas Malvinas-Falkland haya un hotel que se llama precisamente Malvina.

4x4

La aventura en la 4 x 4 hasta la pingüinera

Entre una cosa y otra, se había hecho la hora de volver al puerto desde donde arrancaría nuestra excursión al mediodía. Subimos todos los participantes a un minibus manejado por una señora muy simpática que es además dueña de una estancia que regentea junto con su marido e hijos. Evidentemente no una guía profesional sino una apasionada de llevar turistas de paseo, nos divirtió mucho con sus explicaciones y chistes. En un momento dado paró bruscamente en un camino de pedregullo para mostrarnos algo rarísimo: al costado del camino había un sector donde a través de los años habían plantado unas estacas, sobre cada una de las cuales había una bota o zapato de trabajo. Parecía un extraño cementerio de botas, pero no era eso. Uno de los trabajadores que había intervenido en la construcción del camino tenía una deformación en un pie, debida a la poliomielitis que había contraído cuando niño. Toda vez que iba a comprar botas de trabajo, una no le servía porque para el pie deforme se tenía que hacer un botín ortopédico. Por eso, por chiste, un día plantó una estaca y colgó de ella la bota inútil. A partir de entonces, sus compañeros de trabajo empezaron a colocar otras estacas y a colgar de ellas sus viejas botas, costumbre que luego fueron adoptando otros pobladores. Hoy el campo de botas sigue creciendo y se ha convertido en una escala imperdible para todos los turistas. Tras un recodo la señora paró y nos separó en grupos de cuatro porque el minibus no podría seguir. Fue allí que nos dimos cuenta que a un costado de la ruta habría no menos de seis o siete 4×4 Land Rover, notablemente embarrados, en los cuales seguiríamos viaje a la pingüinera. Dio la casualidad que a nosotros nos tocara uno azul, manejado por uno de los hijos de la señora, tan ocurrente y simpático como la madre. Ahí comenzó un viaje a campo traviesa por caminos donde sin un chofer muy experimentado se empantanaría también un todoterreno con doble tracción. A los saltos y a los tumbos empezamos a cruzar una interminable turbera, llena de pozos, piedras, profundos surcos y baches. El vehículo se zarandeaba como loco, pero en ningún momento tuvimos la más mínima aprensión. El muchacho rubio conocía el recorrido como la palma de su mano. De pronto nos hizo notar lo que parecían enormes ríos de filosas piedras grisáceas que se extendían a los costados del camino por varios kilómetros. Se trataba -dijo- de piedras que habían sido arrastradas y trituradas por milenios por los glaciares que antiguamente abundaban en las islas. Seguimos un rato más hasta que paramos a la vista de tres grandes pingüineras que podríamos recorrer a gusto sin ir más allá de una serie de banderines blancos de metal colocados para demarcar el lugar donde residen pingüinos de distintas especies, bajo el ojo atento de los guardaparques. Fue un espectáculo fabuloso ver tamaña cantidad de pingüinos yendo y viniendo y haciendo sociales. Son unos animalitos tan queribles, atractivos y cómicos a la vez que nos hubiéramos quedado allí muchas horas más si no hubiera empezado a lloviznar bastante. Por suerte, todo estaba perfectamente organizado y a pocos metros de la pingüinera había una casa de té construida con los que parecían dos grandes containers. La consumición estaba incluida en el costo de la excursión organizada por los expertos de Crystal y no estaba como para perdérsela. Uno podía pedir chocolate caliente, café o té y servirse unos extraordinarios scones con un dulce de una fruta de un arbusto local -el Diddle Dee-, galletas y tortas, todo bien casero y apetitoso. La pingüinera se encuentra al borde de una laguna de agua salada, conocida como Bluff Cove Lagoon, en terrenos que según nos enteramos, pertenecen a una muy extensa estancia donde crían ovejas merino y vacas de la raza escocesa Belted Galloway que no conocíamos, de color negro en los cuartos delanteros y traseros, separados por una especie de cinturón blanco muy ancho. De todas las excursiones que realizamos como parte de un crucero, ésta fue sin lugar a dudas la más interesante, no sólo por los pingüinos, sino por la travesía en 4×4 digna de un safari y rematada por un delicioso (y muy necesario) chocolate caliente con scones con dulce casero y crema fresca. La excursión, que en total dura unas 3 horas y media, sin ser precisamente económica, ¡bien vale los US$ 149 que cuesta!

Pinguinos

Pinguinos

Cuando regresamos al puerto, pedimos al chofer que nos dejara frente a un gran supermercado que recorrimos para analizar un poco la cantidad, diversidad, y precio de los productos. De nuestro rápido análisis surgió lo siguiente: todo es importado, predominan los productos ingleses, hay muchos europeos, algunos estadounidenses, varios chilenos y aquí y allá otros de Australia y Nueva Zelanda: argentinos, ni uno, ¡y eso que es el país que más cerca queda! Hay de todo, con una amplia variedad de calidades y marcas, y productos desconocidos en otras latitudes como unas bolsitas de un polvo especial al que se le agrega un litro de agua para tener al instante un kilo de yogur. Finalmente, el tema de los precios: todo está marcado en libras (ya sea esterlinas o malvinenses, que valen lo mismo). La primera impresión es que todo está barato, pero uno se despierta ante la dura realidad cuando llega a la caja y lo pasan a dólares…

Regresamos al Symphony con el tender, levamos anclas poco después y partimos hacia Puerto Madryn, donde llegaremos tras un día y dos noches de navegación. El Capitán Zander a poco de zarpar dio su habitual informe desde el puente de mando, y así nos enteramos de que el Atlántico sigue muy activo, por lo cual la navegación será bastante movida.

Para más información sobre Crystal Cruises y sus cruceros consulte a su agente de viajes o a García Fernandez Turismo, tel. +54 11 4320-1450

Fuentes: Noticias de Cruceros / Falkland Islands Tourist Board

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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