Despedida a la Antártica

Nuestro equipo se despide de la Antártida.

Despedida de la Antártida

El Crystal Symphony se despide de la Antártida

A bordo del Crystal Symphony.- La Antártida es un rincón de mundo muy entrañable y tras una primera toma de contacto prudente y respetuosa, empezamos a apreciarla, admirarla y quererla. Es muy diferente de todo lo que nos es habitual y cotidiano, pero tiene un atractivo intenso.

La despedida estuvo totalmente a tono con la esencia del Continente Blanco, o sea muy, pero muy fría. El último territorio antártico que observamos fue la isla que, en inglés, se denomina Elephant Island, la más septentrional de las Shetland del Sur. Desde el puente, nos explicaron que era precisamente allí, en la isla en la que otrora había una enorme colonia de elefantes marinos, donde Ernest Shackleton el explorador antártico había pasado 137 gélidos días con sus hombres -aislados del mundo- al haberse malogrado el barco en el que viajaban.

Salimos a cubierta para sacar fotos, con la esperanza de poder finalmente captar la imagen de alguna de las ballenas que, a juzgar por los chorros de agua, nadaban por allí en gran cantidad. Lo único que conseguimos fue tomar mucho frío, aun más cortante por el viento cada vez más intenso y arrachado. Por el clima cambiante, de un momento al otro el día, que había estado siempre nublado, pareció volverse extrañamente neblinoso y la isla desapareció totalmente de nuestra vista.

Pero no se trataba de neblina: la Antártida se despedía de nosotros con estilo: había empezado a nevar, y no pudimos evitar pensar que si esto era verano ¡qué sería el invierno! Volvimos a entrar a la cálida atmósfera del Symphony nos despojamos de suéteres, chalecos, camperas forradas con plumas de ganso, pasamontañas y guantes y, todavía ateridos, fuimos al gran salón panorámico de proa -The Palms- donde dos tazones de té humeante y sendas copitas de licor nos volvieron a la vida.

Regresamos a la 1055, donde al rato tocó el timbre nuestro butler (valet) Anthony con el muy bienvenido snack de las cinco de la tarde, al cual nos tuvo acostumbrados a partir del primer día de navegación. Hoy fue el turno de paté de ave, unos pancitos recién horneados, unos arándanos frescos y un bol repleto de crujientes castañas de cajú. Dimos cuenta de esa merienda en un par de minutos junto con otro té muy caliente, y por las dudas, una aspirina cada uno.

Había sido otro día intenso que se nos grabó en las pupilas y en la memoria en forma imborrable.  Para nosotros la Antártida iba quedando atrás, y no sólo la recordaríamos como el Continente Blanco o el Séptimo Continente. En base a nuestra primera experiencia, ¡en adelante la Antártida, para nosotros, sería el Continente en Blanco y Negro, con tantísimos tonos de gris!

La isla quedó atrás: el Symphony cambió de rumbo, puso proa hacia el Noreste, cruzaría una vez más el Pasaje de Drake para llegar a su próxima escala, en las Islas Malvinas.

Cual cereza sobre el helado de vainilla, la temperatura siguió bajando y al cerrar esta nota, ya llegaba a -5º C. No hay duda: la Antártida es una dama con estilo.

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Fuente: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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