“Mi Buenos Aires Querido”

El final de cualquier crucero es nostálgico, y más aún si se regresa a Buenos Aires. El MSC Poesia, que nos llevó por tres continentes, ya se prepara para la temporada que arranca.

Buenos Aires

La inconfundible silueta de los rascacielos de Puerto Madero, en la llegada a Buenos Aires

Luego de 21 días de singladura en el MSC Poesia, llegó finalmente el regreso a casa. Y sin duda cuando ya han pasado muchos días uno extraña las cosas más simples y cotidianas. La almohada propia, el mate, los amigos del café (y los otros también), la familia y todo el mosaico social que nos rodea.

El MSC Poesia llegó, sigilosamente a las 10.00 hs., sin embargo la fila de valijas la noche anterior en los pasillos, y el desayuno de todos los pasajeros juntos, hacía prever el pronto final del periplo.

Atrás quedaban aventuras entre buses y excursiones en tres continentes (Europa, Africa y América). Miles de millas navegadas y anécdotas para contar en familia.

El descenso fue ordenado, sin embargo (secretos de viejo crucerista) si quiere pasarla mejor, pida que le den el último turno de bajada, así no tendrá que pelearse con la marea humana que reclama sus valijas en la Terminal Quinquela Martin.

Antes de la planchada un saludo final, de varios tripulantes y la bocanada de aire cálido al pasar el portalón de la cubierta 5.

Luego un corto viaje en uno de los folklóricos colectivos "Plaza" y luego la marea de valijas, en fila según su color de etiqueta.

A la salida un vista de aduana indagaba: "¿compraron algo?" (cosa que casi nadie respondía certeramente).

Y finalmente la calle, los taxis y el bullicio urbano.

Del crucero transatlántico nos quedaron miles de fotos y un recuerdo imborrable de uno de los viajes más completos que se pueden realizar, a un buen costo por día navegado (unos US$ 120 x día por persona + bebidas y propinas).

Volvimos y muchos de los amigos que hicimos a bordo ya han pasado también a nuestra agenda de tierra.

Sin embargo, debemos ser honestos, una vez más este viaje nos dejó un sabor especial, aquel que te queda cuando sentís (usualmente en la panza) que todavía querés "un poquito más".

¡ Hasta la próxima singladura !

Fuente: Noticias de Cruceros

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