Viaje al fin del mundo

La antesala de un crucero antártico puede ser febril y precisamente es lo que expresa Guido Minerbi en esta nota, previa a su viaje al “Fin del Mundo”.

Crystal Symphony

El Crystal Symphony

REISEFIEBER. Solía decir un conocido lingüista europeo -cuyo nombre ahora se nos escapa, probablemente gracias a otro europeo, el Dr. Alzheimer- que cada idioma tiene palabras intraducibles en otros, que como ninguna otra son las más adecuadas para describir o definir determinado concepto. Así, en un idioma de la Polinesia, los habitantes de una pequeña isla que viven exclusivamente de la pesca, tienen no menos de una docena de palabras para describir las condiciones del mar, que para ellos es a la par, fuente de vida y acechanza de riesgos.

En Europa hay un país que ha producido grandes viajeros, naturalistas y poetas -Alemania- en cuyo idioma encontramos una palabra única, difícil de traducir, pero que se adapta a la perfección a nuestro caso: “Reisefieber”.  Es un término compuesto por “Reise” y “Fieber”, en castellano “viaje” y “fiebre”. Traducido algo salvajemente, sería algo así como “fiebre del viaje”. Pero la palabra denota un concepto tanto más amplio: se refiere a la excitación que uno experimenta al aproximarse la fecha de la partida hacia un próximo viaje o destino. La excitación va “in crescendo” y uno, con el pasar de los días, se siente cada vez más afiebrado… Se trata de una fiebre placentera y pasajera, que ninguna aspirina o ibuprofeno son capaces de controlar y que desaparece como por arte de magia en el momento mismo en que uno se sube al medio de transporte que lo llevará a su destino soñado, se trate de un auto, ómnibus, tren, avión o barco.

En nuestro caso específico, estamos padeciendo -hace varias semanas- un serio ataque de “Reisefieber” (en alemán, con mayúscula, como todos los sustantivos), que se va agravando conforme van ocurriendo determinadas cosas. Todo comenzó como una fiebrícula a mediados de 2015, cuando descubrimos que un barco de Crystal Cruises vendría a Buenos Aires y que desde aquí realizaría un crucero “circular” pasando por Ushuaia, el Canal de Beagle, el Cabo de Hornos, cruzaría el Pasaje de Drake, costearía por dos días la Antártida, haría escala en las Malvinas, visitaría Puerto Madryn y Montevideo antes de regresar a Buenos Aires. La fiebrícula fue agravándose (ya estaríamos cerca de los 38º C) conforme nos documentamos sobre el barco -el Crystal Symphony– un barco decididamente de lujo para apenas unos 900 pasajeros y los refinados servicios, por los que la naviera Crystal se ha hecho acreedora a los mayores galardones que se otorgan a las navieras de la más alta gama.

El 19 de noviembre, para ser precisos, tuvimos un pico de temperatura (unos 38,9º C) cuando nos enteramos de que íbamos a hacer ese maravilloso viaje. A partir de entonces, la temperatura fue subiendo paulatina y subrepticiamente, y si bien no nos pusimos el termómetro por temor a que estallara, debemos andar ahora por una Reisefieber de no menos de 39,3º C…y subiendo.

Ocurre que el Crystal Symphony soltará amarras el miércoles próximo, 13 de enero, y estamos preparados a que la temperatura siga subiendo hasta el momento en que pisemos el primer peldaño de la escalerilla para desaparecer por completo y como por arte de magia, en el momento en que entremos a nuestra cabina que, según dice en los pasajes que nos llegaron vía Internet, está situada en una de las cubiertas superiores, la 10 o la 11, del estilizado barco. Aparentemente, se trata de cubiertas muy solicitadas por los huéspedes experimentados.

No obstante la “Reisefieber” que nos embarga, estamos en condiciones de asumir un compromiso con los lectores de Noticias de Cruceros: compartir con todos ellos, día tras día y en plena navegación, la que promete ser una maravillosa experiencia tanto por la calidad legendaria de Crystal, como por la experiencia de llegar hasta el Continente Blanco y poder observarlo desde el confort -y el calorcito- de un barco como pocos.

Ya que estuvimos hablando de “Reisefieber” y de temperaturas varias, no pudimos evitar fijarnos qué temperaturas hay en estos días en la Península Antártica: entre -18ºC y -20ºC… Una bagatela, si se la compara con los -56º C registrados “algo” más al Sur. Demás está decir que llevaremos cuantos abrigos podamos, por más que sea verano y que el sol prácticamente no se ponga en esas latitudes…

El Barco

El Crystal Symphony fue construido en Kvaerner Masa-Yards Finland (hoy Meyer Turku Oy) en Marzo de 1995, su costo fue de US$ 300 millones y sus medidas son:

  • Tonelaje de Registro Bruto: 51.044 ton.
  • Eslora: 237,10 m.
  • Manga: 30,20 m.
  • Cubiertas para pasajeros: 8
  • Capacidad: 960 huéspedes y 545 tripulantes
  • Índice de Espacio: 148,68 m³/pax.
  • Índice de Servicio: 1,7 pax/trip.

Para más información sobre Crystal Cruises y sus cruceros consulte a su agente de viajes o a García Fernandez Turismo, tel. +54 11 4320-1450

Fuente: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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