Navegando en Alta Mar

El cruce del Atlántico y los cinco días que el mismo supone, acercan más a los huéspedes del MSC Poesia.

Alta mar

El MSC Poesia cruzando el Atlántico

A bordo del MSC Poesia.- Pasado el mediodía, soltamos amarras en Santa Cruz de Tenerife. De ahora en más navegamos 2.843 Millas (unos 5.265 Km.) para llegar hasta Salvador de Bahía, Brasil, atravesando el Océano Atlántico y la línea más famosa que separa ambos hemisferios, el paralelo cero o la línea del Ecuador.

Y es curioso como a partir de no tener más escalas, excursiones, bajadas a tierra o una merma en el pasaje si es que uno ha decidido quedarse a bordo y disfrutar mientras todos se afanan por conocer ese terrunio que sirve de escala, las cosas cambian.

Uno comienza a conocer más profundamente a sus compañeros de viaje. Se profundizan los vínculos sociales entre huéspedes y también el contacto diario con el personal de a bordo.

Estamos iniciando 5 días de cruce transatlántico. El mar, ya no se corta con un poco de tierra a babor o estribor, sino que reina con grandilocuencia en torno a la nave. Y es allí cuando nos sentimos pequeños y recordamos aquella nota que el periodista y dramaturgo Roberto J. Payró escribiera a principios del siglo XX acerca de las relaciones en un viaje por mar.

Alta Mar (R.J. Payró)

En este elemento insólito para el no marino, hasta los que aparentemente nada sufren con el inacabable vaivén del mar, se encuentran en estado extraño, incapaces de cuanto no sean las nimiedades que volverán a desdeñar apenas pongan la planta en tierra firme.

En esta situación anómala, es evidente que la generalidad no acertará con fórmulas de futuro, ni ha de trazarse planes de conducta ni combinara y sintetizará ideas complejas, ni aun podrá conjeturar la posición relativa que ocupa en el mundo o que ha de ocupar una vez vuelto a él. Porque estamos fuera. Desde hace varios días solo nos vincula al resto de la humanidad el recuerdo del último puerto, la esperanza del que alcanzaremos más tarde, y la silueta de algún barco que se cruza con el nuestro, llevándose todas las miradas y hasta un poco de bien explicable afecto.

Y así estamos aislados, en este mundo infinitamente pequeño que rola y cabecea entre los dos inmensos infinitos del cielo y el mar, átomo insignificante que pueblan otros átomos más insignificantes aun…

Insignificantes, no; por el contrario, significativos y en el más alto grado de la relatividad humana. Aquí están representadas muchas razas, muchas clases, muchas profesiones, muchas fortunas. De todo hay en este microcosmos con que juega cariñosamente el Atlántico. Pero esta sociedad abigarrada es más simplista que la que dejamos en tierra. Los amigos, aunque lo sean de ayer, son más amigos que en el mundo. Esto lo traen la soledad y la convivencia de todas las horas, durante varios días.

Por el momento formamos un grupo compacto, sin diferencias ni rencores, pocos días bastaron para llegar a la intimidad. Cualquiera que nos viese, afirmaría que nos queremos, como si formásemos una familia feliz. Nuestro mundo real acaba, en efecto, en las bordas del buque; al otro lado está la realidad. Al abrigo de la necesidad, lejos de la competencia, la envidia, el combate diario, los cumplidos y las galanterías se cruzan entre todos. Las sinceras y a un tiempo falsas-por lo efímeras demostraciones de amistad, las ocasionales y exageradas aprobaciones admirativas, los ofrecimientos sin objeto ni motivo… Somos solidarios forzosa y voluntariamente, al hallarnos aislados, sin más apoyo que nosotros mismos…

Y el mar que desde hace tantos siglos canta su misma endecha inspiradora con distinto compás, amigo fiel en este viaje, sereno y sonriente, murmurará: Cuando estéis de nuevo en el mundo, ya estaréis en plena vida, libres de entregaros a todas las pasiones, a todos los intereses, a todas las mezquindades, a todos los odios…

Quisiera ver como volvéis a mi algún día, a mi que os he unido y que conservéis entonces en vuestras almas los nobles sentimientos que en ellas desperté: la tolerancia, la afabilidad, el cariño… ¿Seréis tan desgraciados que, una vez en tierra no podáis seguir considerándolos a bordo, sin intereses contrapuestos, solidarios frente al enemigo común?

¿Nunca comprenderá el hombre cuán fácil sería prolongar indefinidamente la armoniosa vida del mar?

Aquí y ahora

Y es cierto, el mar establece otro tipo de vínculos entre las gentes y además borra las clases sociales, que hasta ese momento podían intuirse por los atuendos en las escalas. Ahora, el MSC Poesia está "cabalgando" arriba del Ecuador, los trajes de baño y bermudas han suplantado a las gruesas camperas, a las que nos obligaba el moribundo otoño europeo, y que podían marcar distancias en marcas y presupuestos en indumentaria.

Las actividades lúdicas, las creativas, las deportivas y las sociales dan lugar a cruzarse varias veces, en el día, sin embargo (a pesar de participar en varias "trivia"), la obligación está primero y como tal entrevistamos al Capitán Giuseppe Galano, el "mandamás" de la nave; el Hotel Director Raffaele Cinque, "capo" de toda la parte de hotelería (incluídos restaurantes y bares), y al Cruise Director Javier Junquera, responsable del entretenimiento y espectáculos de la nave.

Y como no podía faltar el showman argentino Guillermo Guido también nos concedió una entrevista exclusiva:

Contentos por el eco de nuestros requerimientos periodísticos nos retiramos a observar "la mar océano" desde nuestro balcón, a la espera del cruce del Ecuador y la fiesta respectiva que nos marque la entrada al hemisferio sur.

Hasta mañana.

Vea todas las fotos del cruce transatlántico del MSC Poesia en nuestro FACEBOOK

Fuente: Noticias de Cruceros

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