La isla de los volcanes, Lanzarote

Una escala realmente fuera de lo común, en una isla que además de buenos vinos, ofrece unas vistas únicas de volcanes aún en actividad.

Jameos_del_Agua

Caverna principal con la laguna subterránea de agua salada en los Jameos del Agua

A bordo del MSC Poesia.- Luego de nuestra aventura en Marruecos, el punto siguiente era la isla de Lanzarote (España). En él nuestra escala se prolongaría por 9 ½ horas, quizás una estadía muy prolongada (a la vista de un neófito) de esta apasionante isla volcánica.

Puntualmente a las 0800 hs. el MSC Poesia tomó amarras en el Puerto de Arrecife o los Mármoles, uno de los principales puertos de cruceros del archipiélago canario.

Lanzarote es una isla perteneciente al archipiélago denominado Islas Canarias (España), ubicado en el océano Atlántico al sudoeste de Marruecos y conformando una parte insular del continente africano. Pertenece a la provincia de Las Palmas y su capital es Arrecife.

Lanzarote es la más septentrional y oriental de las islas del archipiélago canario. Es conocida popularmente como "la isla de los volcanes", al identificarse con el manto volcánico que se extiende a lo largo de gran parte de su superficie debido a la gran actividad volcánica de principios del siglo XVIII.

Su clima es subtropical con escasas precipitaciones. Tiene una superficie de 845,93 km² y consta de siete municipios de los cuales el más poblado es Arrecife. Al norte de la isla se encuentran los islotes e islas menores de Alegranza, La Graciosa, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste, que forman el Archipiélago Chinijo, administrativamente dependiente de Lanzarote.

Su población de 141.938 habitantes, la sitúa en la tercera posición respecto de las otras islas Canarias, detrás de Tenerife y Gran Canaria.

En el centro-suroeste de la isla se encuentra el Parque Nacional de Timanfaya, el cual es una de las principales atracciones turísticas de Lanzarote. La isla es en su totalidad desde 1993 Reserva de la Biosfera de la UNESCO.

Las Peñas del Chache, situado en Haría, con 671 m de altitud, es el pico más elevado de la isla..

El nombre, el clima y la supervivencia en una isla “caliente”

El nombre de la isla procede del marino genovés Lanceloto Malocello, quien la visitó en el siglo XIV.

El vocablo aborigen Titerogakaet, que al parecer que fue el empleado por los majos para referirse a la isla con anterioridad a su conquista, se trata de un término de origen bereber que ha sido emparentado con el tuareg tetergaget, "la que está quemada", o bien con los vocablos titerok y akaet, que significarían "Montaña Colorada". Del mismo modo, en la toponimia insular abundan las voces de origen indígena, como Yaiza, Tinajo, Teguise, Timanfaya o Guatiza, que comparten protagonismo con lugares de nombre hispánico como: San Bartolomé o Puerto del Carmen.

Hay dos elementos climáticos que determinan la benignidad atmosférica: los vientos alisios y la corriente fría de Canarias. El viento es prácticamente permanente en la isla. Un fenómeno relativamente frecuente es la presencia de vientos procedentes del desierto del Sáhara, que arrastran grandes cantidades de polvo en suspensión. La cercanía de Lanzarote con la costa continental africana hace que estos fenómenos de siroco, también denominado calima o "tiempo sur" en Canarias, se hagan notar especialmente en la isla, alcanzándose temperaturas de hasta 46 °C y visibilidad muy reducida.

Cinco hitos geográficos marcan la morfología de Lanzarote, dotándola de una personalidad única y albergando cada uno de ellos paisajes diversos, de gran valor natural y geológico. Se trata de dos macizos montañosos de gran antigüedad, ubicados cada uno de ellos en el extremo norte y sur de la isla (Famara-Guatifay y Los Ajaches, respectivamente); dos áreas de vulcanismo más reciente, que conforman la zona de volcanes de Timanfaya, en el centro-sur, y el volcán y malpaís de La Corona, al norte; y, finalmente, una lengua de arenas de origen marino que atraviesa el centro de la isla, en el área conocida como El Jable. Estos cinco espacios, junto al conjunto de islotes del Archipiélago Chinijo, al norte de la isla, albergan la mayor parte de los encantos paisajísticos de la "isla de los volcanes".

Para hacer posible el "milagro turístico", la isla tuvo, previamente, que sortear el principal obstáculo que durante siglos había condicionado el desarrollo de sus gentes: la práctica ausencia de agua potable. El clima subdesértico de Lanzarote había producido durante siglos innumerables episodios de crisis, hambrunas y emigraciones masivas. A la altura de 1960, las obras realizadas para canalizar agua desde Famara hasta Arrecife o el gran depósito llenado con agua procedente de otras islas creado a principios de siglo en la capital insular ("La Mareta del Estado") apenas eran suficientes para asegurar el rudimentario suministro de los 36.000 habitantes con que por entonces contaba la isla. La solución llegaría cuando en 1965 se instala en Lanzarote la primer planta "desaladora" de Canarias, de España y de toda Europa. Esta, que sería una de las primeras plantas desalinizadoras del planeta, supuso para Lanzarote la posibilidad de adentrarse en nuevos sectores económicos que la alejasen de su secular subdesarrollo. Hasta los años 70, una parte importante de la electricidad consumida en la isla procedía de unos generadores instalados en un buque anclado en el puerto de Arrecife, y estaban en uso zonas de montículos volcánicos cubiertas con cemento, para recoger el agua de la lluvia y almacenarla en aljibes hasta que fuese potable. En tiempos muy anteriores, los conejeros adquirían para su consumo el agua que servía de lastre en los barcos que arribaban a su puerto.

Las excursiones que ofrecía el MSC Poesia en Lanzarote eran:

  • Lo mejor de Lanzarote en un día – Día Completo - € 102,90
  • Recorrido por el norte de la isla – 4 horas - € 52,90
  • Lanzarote y el legado de Manrique – 4 ½ horas - € 52,90
  • Naturaleza en estado salvaje: El Parque Nacional de Timanfaya – 4 horas - € 52,90
  • Experiencia submarina – 3 horas - € 75,90
  • Senderismo por el paisaje lunar de Timanfaya – 4 ½ horas – € 65,90
  • Dúo playa y compras – 4 horas - € 19,90

La experiencia submarina era tentadora, pero considerando que la última erupción volcánica de la isla fue bajo el agua decidimos dejarla de lado. Las compras… también eran una opción, pero no habíamos hecho este viaje solo para entrar en “El Corte Inglés”. Y como a César Manrique antes de recorrer la isla no lo conocíamos (aunque luego pudimos admirar su arte), decidimos tomar el paseo denominado “Lo mejor de Lanzarote en un día”, donde pudimos recorrer el Parque Nacional Timanfaya, pasamos por Tueguise (la antigua capital de la isla), montamos en camellos, almorzamos y finalizamos en los Jameos del Agua.

Timanfaya

El Parque Nacional de Timanfaya, declarado como tal en agosto de 1974, se trata de una superficie de algo más de 50 km² en la que se pueden observar más de 25 volcanes, aparte de campos de lavas, lapillis y escorias volcánicas en perfecto estado de conservación. En su interior se encuentra el Monumento Natural de las Montañas del Fuego, donde se ubica el centro de visitantes del Islote de Hilario, gestionado por el Cabildo. Este espacio conserva aún cierta actividad volcánica, como demuestran las emanaciones de calor que produce la tierra.

El Parque Nacional está rodeado por un segundo espacio protegido, el Parque Natural de Los Volcanes, sepultado también por las erupciones de Timanfaya. Las lavas llegaron a las costas occidentales de la isla, penetrando en el océano y aumentando la extensión de Lanzarote. El rápido enfriamiento de la lava al contacto con el agua, unido a la acción erosiva de las olas, creó un peculiar paisaje costero. Ejemplo de ello es el lugar conocido como Los Hervideros, cerca de la población de El Golfo.

Lo mas sorprendente de Timanfaya es sin dudas el ver una montaña (o mejor dicho volcán) que hace 300 años no estaba… O sea la piedra viva, sin vegetación y tal como quedó luego de enfriarse, aunque en una prueba que hizo uno de los guías cavando a escasa profundidad, nos dio a cada pasajero algunos guijarros de esa piedra que aún estaban calientes !!!

En el autobús una voz grabada nos relató (mientras recorríamos el parque) la vivencia de un lugareño cuando sucedió la erupción:

«El día 1 de septiembre de 1730, entre las nueve y las diez de la noche, la tierra se abrió en Timanfaya, a dos leguas de Yaiza... y una enorme montaña se levantó del seno de la tierra», según el testimonio del párroco Lorenzo Curbelo. La isla se transformó por completo. Diez pueblos quedaron enterrados (Tingafa, Montaña Blanca, Maretas, Santa Catalina, Jaretas, San Juan, Peña de Palmas, Testeina y Rodeos) y durante seis años la lava se extendió por la zona sur cubriendo un cuarto de la isla y llenando las vegas cercanas de cenizas volcánicas. En 1824 de nuevo comenzaron la erupciones en Timanfaya. Se produjeron terribles hambrunas, ya que en esa zona estaban los cultivos de trigo, parte de cuya producción se exportaba a otras islas, y buena parte de la población se vio obligada a emigrar. Desde entonces el paisaje se ha transformado gracias a las técnicas agrícolas de cultivo sobre lapilli (rofe) volcánicos que los conejeros emplean para captar la humedad de los alisios.

Lindando con el parque natural se halla el paraje de La Geria, muestra de una perfecta simbiosis entre el ser humano y la naturaleza. En La Geria el campesino lanzaroteño ingenió un sistema agrícola único en el mundo con el que pudo cultivar las tierras que habían quedado calcinadas por las cenizas volcánicas. Estas cenizas, llamadas en Canarias picón, retienen la humedad ambiental durante la noche y la filtran hacia la tierra que se encuentra debajo, al tiempo que aíslan a ésta durante el día. Un estrato calizo inferior impide que el agua continúe hacia el subsuelo. El sistema posiblita el cultivo de la vid en un espacio de clima subdesértico. Para ello, los agricultores tuvieron que buscar bajo el lapilli la "tierra madre" que había quedado sepultada, plantar en ella las cepas, cubrir con capas de picón y construir muros de piedra vocánica que resguardasen a las parras del fuerte viento (alisios) de la zona. Esto dio como resultado un paisaje excepcional, donde se producen los vinos de Lanzarote, fundamentalmente a partir de la uva malvasía. Nuestra parada a almorzar y luego en una bodega, estuvo matizada de la degustación de un vino blanco del tipo Chardonnay y de un tinto de un agradable dulzor, que era el más propio de la zona.

Desde la ruta y gracias a los vientos que habían empezado a soplar desde el Sahara (si, cruzan el mar y llevan polvo hasta esta isla) no pudimos ver con claridad el Volcán de La Corona, un gran cono volcánico situado al norte de la isla, en el municipio de Haría.

Dada su relativa antigüedad, de unos 21000 años, este espacio, al contrario de lo que ocurre en los campos de lavas de Timanfaya, ha sido colonizado por gran número de especies vegetales.

Por el subsuelo del Monumento Natural del Malpaís de La Corona discurre un extenso tubo volcánico de más de 6 kilómetros de longitud, que va desde el cono volcánico hasta el mar, adentrándose en él, formando un túnel submarino de un kilómetro y medio llamado Túnel de la Atlántida. Dos de los tramos de este conjunto de galerías están habilitadas para las vistas turísticas. Se trata de la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua.

El turismo y Manrique

En 1966, el artista lanzaroteño César Manrique luego de estudiar en diferentes sitios de Europa y EEUU regresa y se instala definitivamente en Lanzarote. Manrique se puso pronto en marcha para generar las condiciones con las que la isla se transformaría en un destino turístico respetuoso con su paisaje e identidad cultural, encontrando el apoyo necesario en la figura del por entonces presidente del Cabildo, José Ramírez Cerdá. El tándem César Manrique - José Ramírez, junto a la conciencia social generada por el periódico insular "La Antena", hicieron posible convertir, en una década, a Lanzarote en algo más que un destino turístico de buen clima y playas, en donde el paisaje agrícola, la naturaleza volcánica de la isla, la idiosincrasia del isleño, el arte y la arquitectura tradicional se combinaron para crear una marca turística genuina. En 1968 se había abierto al público el tramo visitable de la Cueva de los Verdes, acondicionado por el artista Jesús Soto. Ese mismo año, Manrique inauguraría la escultura "Fecundidad", o "Monumento al Campesino", en el centro geográfico de la isla, junto a una Casa-Museo inspirada en la arquitectura tradicional. A esta obra le seguirían las del Mirador del Río, el Centro de visitantes de las Montañas del Fuego (Timanfaya), el Museo Internacional de Arte del Castillo de San José y el acondicionamiento de Los Jameos del Agua. De esta manera, cuando el turismo era el turismo era aún una actividad embrionaria, la isla supo dotarse de una red de centros en los que arte y naturaleza se fusionaban para seducir al visitante extranjero. Todo esto generó entre los lanzaroteños una conciencia ambiental que hizo merecedora a la isla del título de Reserva de la Biosfera, otorgado por la Unesco en 1993.

Cangrejo_Manrique

Cartel de entrada a Jameos del Agua, realizado por César Manrique

Nuestra última escala fueron los Jameos del Agua, que son tubos de lava que han quedado oradados en la roca, albergando pequeñas lagunas, una confitería, una piscina, un maravilloso teatro bajo tierra y la más curiosa especie de cangrejos albinos ciegos del mundo, el “munidopsis polimorpha”, que si bien son fáciles de ver porque son blancos, su tamaño los hace difíciles de fotografiar (miden 1 cm) en condiciones de gran oscuridad, como las que reinan en la laguna subterránea.

Desde allí regresamos al puerto y al MSC Poesia, que ya se aprestaba para partir hasta nuestro próximo destino, la isla de Tenerife.

Hasta Mañana

Fuente: Noticias de Cruceros

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