España, Europa, África ¿O Qué?

Tenerife ofrece al visitante grandes atractivos, un clima siempre plácido y hasta innegables oportunidades en sus free shops. Mientras tanto, a bordo del Costa Fascinosa… la comodidad y la gastronomía premium aguardan.

Costa Fascinosa amarra

El Costa Fascinosa en Santa Cruz de Tenerife.

A bordo del Costa Fascinosa.- Gente muy sabia y conocedora de las curiosidades geográficas nos hizo notar que si bien las islas Canarias pertenecen a España, en realidad no forman ?geográficamente hablando? parte del Viejo Mundo, sino del continente africano. De todas maneras, como son españolas es correcto afirmar que al dejar atrás este archipiélago estamos despidiéndonos de Europa. Pero nos estamos adelantando, dado que al escribir estas primeras líneas nos referimos al momento en que, bien temprano a la mañana, el Costa Fascinosa atracó en el muelle de Santa Cruz de Tenerife, entre dos grandes barcos pertenecientes a otras conocidas navieras.

El día era espléndido y muy tibio, por ser sólo las siete de la mañana. Desayunamos mientras se completaban todas las formalidades, y serían las 8.30 cuando finalmente desembarcamos. En el puerto teníamos la opción de esperar un ómnibus que nos llevaría hasta pleno centro, o bien andar unas doce cuadras por una senda muy bien demarcada, que nos guiaría hasta la salida de la zona portuaria, a metros del pleno centro. Decidimos caminar y lo hicimos en compañía de una simpática pareja de italianos de Turín que habíamos conocido en el barco.

Lo primero que hicimos fue recalar en una confitería para tomar un café y estudiar los planos que nos habían facilitado en la oficina de turismo. Un taxi para dar una breve vuelta nos costaría, para cuatro, unos € 120, que nos parecieron muchos.

Viaje en Tranvía

Aprovechando el conocimiento del idioma, preguntamos al mozo y a una simpática señora a cargo de un kiosco de diarios qué nos convendría hacer, y su consejo fue unánime: tomar el tranvía e ir hasta “la laguna”. Fue así que descubrimos varias cosas. Primero, que el recorrido que en taxi habría costado más de un centenar de euros (o sea, más de 25 por cabeza) se podía hacer, cómoda y muy panorámicamente, en tranvía y a un costo de € 2,70 (ida y vuelta) por cabeza, o sea más o menos… ¡la décima parte!

Tomamos pues el tranvía, modernísimo, con tres remolques, y empezamos a encaramarnos a las colinas que rodean la ciudad construida sobre terreno volcánico. Cuando bajamos había cambiado la temperatura y nos alegramos de haber llevado suéteres. A nivel del mar había unos 24º C y allí arriba, no más de 18º C.

San Cristóbal de la Laguna

Antiguo campanario en San Cristóbal de la Laguna.

Una vez en la ‘laguna’, no sólo no vimos laguna alguna, sino que nos encontramos en la parte vieja e histórica de la ciudad, a unos 300m de altura sobre el nivel del mar. Habíamos llegado a San Cristóbal de la Laguna, asentamiento histórico de Tenerife, declarado hace ya 16 años Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Todo nos llamó la atención: los colores de las casas, los balconcitos de madera tallada (nos trajeron a la memoria los que aún hoy se admiran en el casco histórico de Lima, en Perú), el estilo arquitectónico, las iglesias y los panoramas que se gozan desde esa altura.

Se largó un chubasco inesperado, por lo cual nos refugiamos en un barcito justo frente a la iglesia mayor. Y como era ya la hora del almuerzo, aprovechamos para comer unos emparedados de un exquisito pan, relleno con tomate fresco, con aceite de oliva con mucho ajo, jamón serrano de inimitable calidad, y una rodaja de un verdadero manjar: un queso de leche de cabra y de vaca, lentamente ahumado. Esta mezcla dio a los pancitos un gusto muy especial. La lluvia amainó, pero tras pasear por unas callecitas entrañables, volvimos a la estación cabecera del tranvía y regresamos a la ciudad ‘baja’.

Puerto Libre

Todo crucerista que se precie debe saber que Tenerife es un muy buen lugar para hacer compras, desde ropa, a zapatos y electrónica. Es un puerto libre donde, ya de entrada, uno se ahorra no sólo el IVA, sino otros gravámenes. Fuimos de tienda en tienda, pero no encontramos lo que estábamos esperando. Sin embargo, no nos fuimos con las manos vacías: los cuatro nos compramos un par de zapatos cada uno, a precios realmente convenientes. De hecho, un par de zapatos de excelente calidad cuesta en Tenerife exactamente un 50% menos de lo que costarían en Italia o en la España peninsular.

Desde ‘abajo’ pudimos admirar el contorno muy montañoso de la isla volcánica, con picos agudos hacia los cuales va creciendo cada día más la ciudad, modernísima y dinámica, excepto a la hora de la sagrada siesta, cuando casi todos los comercios bajan sus persianas, entre las 14 y las 16.30.

Seguramente hay mucho más que ver y hacer en Tenerife y las ciudades aledañas, pero como el tiempo seguía desmejorando, resolvimos quedarnos cerca del puerto y disfrutar de lo que podíamos, que era mucho.

La Tarjeta Multiuso

Una de las excursiones preferidas por quienes visitan Tenerife es ir a hacer caminatas por su emblemático volcán, el Teide. Sin embargo, los que fueron se llevaron, en buena medida, un chasco: el Teide está frecuentemente envuelto en la neblina que, a gatas, permite imaginar sus cónicos contornos.

Pasear por Tenerife fue un placer: nos encontramos siempre con gente bien dispuesta a dar precisas indicaciones y hasta a acompañarnos hacia donde debíamos dirigirnos. Los italianos estaban fascinados y nosotros también. Regresamos hasta el puerto y el taxi nos dejó al pie de la escalerilla para subir al barco.

Para quienes todavía no hayan tenido la dicha de viajar en un barco de crucero, puede ser interesante destacar que cuando uno se embarca por primera vez tiene que entregar su pasaporte (o del documento requerido), el que sólo le será devuelto una vez que se apreste a desembarcar definitivamente de la nave. A cambio del pasaporte o documento, uno recibe una especie de ‘tarjeta mágica’, en este caso la ‘tarjeta Costa’, que le servirá para tomarse una cerveza, un café o un trago a bordo, para bajar del barco y volver a subir en las escalas, o bien para adquirir productos en las tiendas libres de impuestos. La ‘tarjeta Costa’ está respaldada por la tarjeta de crédito de cada huésped, y las cuentas se saldan poco antes de desembarcar. Es decir que en el barco uno se maneja con total seguridad y tranquilidad con la sola tarjeta de la naviera, que es una especie de llave maestra para todo lo que el barco ofrece. Y la expresión ‘llave maestra’ no podría ser más adecuada: con esa tarjeta, uno también entra y sale de su cabina todas las veces que lo desee.

Cena Premium

Por la noche no fuimos a cenar al acostumbrado restaurante Gattopardo, a popa del Fascinosa, porque teníamos reservas en uno de los dos restaurantes premium a bordo, el Samsara, con el mismo nombre del spa de abordo.

La cena fue realmente espectacular y el plato que más nos impactó fue un excelente risotto al whisky con verdadera abundancia de camarones y langostinos. Lo acompañamos con una copa de vino de la casa, un notable rosé de Puglia (Apulia).

Iluminado con una luz tenue y amable, el restaurante tiene moblaje blanco y está decorado con una serie de maravillosos y muy coloridos kimonos japoneses de seda en vitrinas que los enmarcan. Allí uno debe hacer un verdadero esfuerzo para recordar que se encuentra en medio del Océano Atlántico, en un barco de más de tres cuadras de eslora, con casi 3800 huéspedes a bordo. No hay nada que haga suponer que uno está rodeado de agua, ya que la única visible es el agua mineral en los vasos, a la cual no agita ni la más leve vibración.

Para disfrutar de los restaurantes premium es necesario reservar una mesa y abonar un plus razonable para acceder a una cena y un servicio realmente memorables. El Samsara fue el broche de oro ideal para el gran día que habíamos disfrutado en Tenerife.

Fuentes: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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