Conociendo Marrakech

La primer escala africana del viaje en el MSC Poesia nos puso en contacto con la tierra marroquí, más exactamente con la famosa “Casablanca”.

Plaza Jemaa El-Fna

Vista desde el balcón de un café, de la plaza Plaza Jemaa El-Fna, justo al atardecer.

A bordo del MSC Poesia. El MSC Poesia entró al puerto de Casablanca, la capital económica de Marruecos, a las 9 horas en punto, tal como rezaba su programa del día.

En el muelle adjunto se encontraba amarrado el fabuloso “Clipper” Stad Amsterdam (Ciudad de Amsterdam). Este barco construído en el año 2000 en Damen Shipyard, realiza viajes charter con tripulación principalmente holandesa. Su diseño si bien está inspirado en la fragata Amsterdam del siglo XIX, no es una réplica, y su mayor diferencia está en el casco que es de acero. Según sus propietarios es “modern extreme clipper in historical perspective”, es decir un barco “vintage” con todo lo que la modernidad le puede brindar para ser un rápido Clipper, pero con un “look” histórico.

Volviendo a nuestro viaje, las opciones que brindaba la agencia de viajes de abordo eran:

  • Rabat – 5 horas – € 62,90
  • Casablanca & Rabat – Día entero – € 129,90
  • Marrakech – Día entero – € 129,90
  • Casablanca & Mezquita Hassan II – 4 ½ horas – € 62,90
  • Recorrido panorámico de Casablanca – 3 ½ horas – € 32,90

Y “finalmente” (o mejor dicho apenas subimos en Venecia) elegimos hacer la de Marrakech. (Es importante las excursiones que realmente le interesen tomarlas apenas comienza el crucero, ya que se corre el riesgo de no conseguirla o tener que hacerla en un idioma que no sea el propio).

Marrakech

Yves Saint Laurent, Omar Sharif, Winston Churchill y Alain Delon fueron sólo algunos de los habitues de esta ciudad . Seductora como ninguna, su nombre originó el del país en el pasado.

Los orígenes de la ciudad son oscuros, pero se acepta comunmente que empezó siendo un campamento militar establecido por Abu Bekr, jefe almorávide, en 1070 . Su sucesor, Yusef Ben Tachfin es quien comienza la tarea de convertir el oasis primitivo en una capital digna de su imperio, que se extendía desde el Atlántico hasta Argelia y desde el Sahara hasta el Ebro. La conquista almohade hizo casi desaparecer las primeras construcciones, que fueron reemplazadas por otras, muchas de las cuales podemos admirar aún hoy: la majestuosa Koutoubia, torre gemela de la Giralda de Sevilla. Sin olvidar su fabulosa Plaza “Jemaa El-Fna” declarada Patrimonio Cultural Universal por la UNESCO.

Luego de 3 horas de bus llegamos a la “tierra de Dios” (Marrakech cuyo nombre original en bereber tamurt n Akkuc o tierra de Dios en árabe) nos sorprende con edificaciones modernas de estilo local que forman clubes de golf, hoteles y countries al más puro estilo de las grandes urbes. Esta región, enclavada al pié del Alto Atlas es fértil en plantaciones de vides, viñedos y palmares.

La ciudad

Marrakech se divide claramente en 2 áreas de tamaños similares: la Medina o ciudad histórica, rodeada por una gran muralla que mantiene intacta la arquitectura islámica milenaria, y fuera de la muralla, la Ville Nouvelle, herencia reciente de cuando Marruecos fue protectorado Francés. El contraste es evidente y muy interesante: mientras la Medina tiene una trama muy densa conformada por miles de casas de apariencia similar que se localizan en torno a estrechos y laberínticos pasajes que claramente son una amenaza para un turista desorientado, la Ville Nouvelle es como cualquier ciudad moderna, con grandes avenidas, casas con jardines y edificios de baja altura. En el interior de la Medina da la impresión que la vida no ha cambiado nada en milenios.

A vuelo de pájaro, marchando por la avenida Mohamed V, pasamos junto a la mezquita “La Koutoubia” (o de los libreros) que debe su nombre al zoco de los libreros que instalaban sus puestos junto a sus puertas. Aunque por este nombre es más conocido su minarete o alminar, particularmente impactante para los españoles por su semejanza con la Giralda, para la que sirvió de modelo y, de la misma manera que esa torre es el emblema de Sevilla, la Koutoubia representa a Marrakech en el mundo entero.

El Alminar se comenzó a construir bajo el mandato de Abd Al-Mumin y se acabó en tiempos de Abu Yusuf Yaqub Al-Mansur. Con sus 69 metros de altura es el edificio más alto de Marrakech (está prohibida la construcción de edificios más altos). Tiene seis pisos que se comunican mediante rampas. La parte superior está rodeada por una balaustrada almenada que se corona, como es habitual en este tipo de construcciones, por tres bolas, hoy en día de bronce y según dicen en sus orígenes de oro, procedente de las joyas de una de las esposas de Yaqub Al-Mansur entregadas como penitencia por haber roto el ayuno del Ramadán. La mayor de estas bolas tiene 2 metros de diámetro.

Seguimos y llama la atención, al entrar en la ciudad, son las murallas, construidas en adobe, su color varía según las horas y la luz del día, del ocre dorado al rojo intenso; contrastando con un cielo siempre azul y el verde de los árboles y las plantas. En ellas se destacan las puertas de Bab Doukkala (de origen almorávide), Bab el Khemis, Bab El Jadid, Bab el Debbagh, Bab er Robb y Bab Agnau, una de las más bellas entradas.

De aquí en más el trayecto sigue a pié, pero siempre bajo conformando un grupo compacto de 30 turistas de habla castellana bajo la tutela de dos guias, “Anis”, que nos acopañaba en el bus desde Casablanca, quien además de una fascinante cultura de su país tenía un excelente castellano y “Abdul” que era especialista en Marrakech, pero solo hablaba árabe, inglés y francés. Ambos nos orientaban en el laberinto de la Medina.

La primer parada fue en las tumbas Saadianas, un sitio de recogimiento e imponente belleza, donde descansan los más prósperos nobles de la ciudad. Las mismas están finamente decoradas con los característicos azulejos y sorprende que las mismas están a ras de tierra, con un triedro de base rectangular, donde en una de sus caras pueden verse las inscripciones que (según nos comentaban los guías) correspondían al nombre de la familia del/los difunto/s, ya que en una misma tumba se ponían acostados sobre su lado izquierdo, entrando más de un pariente…

Luego nos recibió el magnífico Palacio de la Bahía (la brillante) construido a finales del XIX. Éste es un bello ejemplo de residencia principesca, donde el visir (primer ministro) de Marrakech vivía con sus esposas (si, aún en la actualidad los marroquíes pueden tener hasta 4, aunque el Rey actual es monógamo) y con sus concubinas (de este tema no nos aclararon nada respecto a la política actual). Además aquí, se filmaron películas tales como: Alí Babá y los 40 ladrones y El león del desierto, entre otras.

Siguiendo nuestra caminata por las callejuelas de la Medina, llegamos al restaurante Dar es Salam (La Casa de la Paz), de Mustafá El Gharbi, donde el conjunto musical, las odaliscas y las bailarinas, con velas encima de una bandeja que oficiaba de sombrero, matizaron nuestro almuerzo con platos típicos y vino de la región.

De allí seguimos a traves de los zocos más característicos de la ciudad: el de los herreros, el de los tintoreros, el de las babuchas y el zoco Semmarine, en donde se pueden admirar sedas, brocados y las clásicas marroquinerías.

Nos detuvimos en dos establecimientos, una herboristería, donde las mujeres compraron perfumes y cremas, y los hombres compramos especias y alguno que otro perfume afrodisíaco (ideal para solteros en busca de una odalisca). Y otro del tipo “polirrubro” donde se ofrecían prendas de cuero, farolas de plata, muebles de finas maderas y cajas hechas en la más delicada marquetería.

Un dato interesante es que si bien uno puede fotografiar todo (en general), las mujeres no se prestan fácilmente a esto. Otro dato si va a comprar algo siempre regatee el precio y tenga en cuenta que si es el primer cliente del día, es posible que le vendan por debajo de su costo, solo para “dar inicio” a la jornada laboral.

El paseo a pié que continuaba por callejones y estrechos pasillos (donde se recomienda mantener la derecha si uno no quiere ser atropellado por una moto) llegó a su punto más interesante cuando llegamos a la plaza “Jemaa El Fna” exponente vivo de lo que fueron las plazas en el Medioevo, lugar de encuentro para todo el mundo. Vendedores de jugo de naranjas natural, de frutas, cestos de mimbre, recuerdos, dulces, bijouterie, dentistas, curanderos, escritores por encargo, los Gnaoua, tocadores de crótalos, acróbatas, encantadores de serpientes o de escorpiones, bailarines, contadores de cuentos y mil personajes más que curiosos nos cautivaron y lograron vendernos experiencias y productos a cambio de algunos Dirham (la moneda oficial que vale un décimo de Euro).

Ya a las 17 horas, con la caída del sol y el llamado al rezo desde la mezquita más cercana, este universo se vuelve particularmente fascinante. La plaza se ilumina con mil y una luces, y se deambula de espectáculo en espectáculo. Aunque en esta ocasión para poder fotografiarlos hay que pagarles, la tarifa habitual es de 2 Euros.

En una de las confiterías con terraza, que permiten mirar desde lo alto esta plaza, designada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Universal, tomamos un delicioso té de menta y nos despedimos de la bulliciosa Marrakech.

Vuelta al autobús y de allí a Casablanca, donde el MSC Poesia nos aguardaba para seguir rumbo a la volcánica isla de Lanzarote.

Hasta Mañana.

Fuente: Noticias de Cruceros

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