Un Día en el Norte de África

Los colores, sabores y, por qué no, también los olores del exótico Magreb impactan en el pasaje del Costa Fascinosa que salva trescientos de kilómetros en autobús para internarse en la cautivante medina de Fez, almorzar en un palacio que supo conocer épocas gloriosas y, en las pausas, también deslizar algunas disquisiciones filológicas…

Músicos de Fez

Sonidos, colores, sabores: todo confluye en el deleite del visitante.

A bordo del Costa Fascinosa.- Desde muy temprano, en la escuela primaria, aprendimos que muchas palabras del castellano tienen raíces árabes y eso se debe a que por cientos de años los árabes dominaron y vivieron en la madre patria. Por eso, por ejemplo, sabemos que ‘almacén’, ‘alfajor’, ‘alhambra’, ‘alacena’, ‘alfombra’, ‘almohada’ y ‘álgebra’ derivan del árabe. Los que amamos los números sabemos también que debemos a los matemáticos árabes el número cero, que le era desconocido a los antiguos romanos. Por eso también hablamos del Peñón de Gibraltar, ya que su origen debe buscarse en la frase ‘Jebel el-Tariq’, que no es otra cosa no es que ‘la piedra (o peñón) de Tariq’.

De todas las excursiones que nos propusieron en el Costa Fascinosa elegimos la que nos condujo hasta la histórica ciudad de Fez que, en determinado momento, tuvo la distinción de ser hábitat del rey y capital del reino. Pero hoy la capital administrativa de Marruecos se encuentra en Rabat, mientras que la capital financiera y de los negocios está ubicada precisamente en Casablanca (que en árabe se traduce como ‘Dar el Beida’), donde el barco atracó muy temprano, en la mañana del domingo.

El insólito nombre de esta ciudad se debe a que, aparentemente, un rico comerciante portugués construyó en la ciudad una mansión toda blanca, que los portugueses empezaron a llamar ‘casa branca’. Luego, por la cercanía y los contactos con España, el nombre mutó en ‘casa blanca’, y finalmente las dos palabras se fusionaron, dando lugar a la Casablanca que conocemos hoy.

Casablanca es una ciudad moderna, grande, con anchas avenidas arboladas y altas edificaciones modernas. A los elegantes caracteres árabes de los letreros siempre los acompañan las traducciones en francés, idioma aún muy vigente en este país. Pero por lo general, y especialmente en las zonas costeras, el castellano es ampliamente conocido y empleado, ya que desde el puerto español de Tarifa a Tánger median muy pocas millas.

Un Guía Muy Informado

Ahmed, nuestro guía, nos cayó bien de inmediato, con su explicación de que ‘fez’ no sólo es el nombre del típico sombrero rojo con el cual nos recibió al pie del ómnibus que nos aguardaba cerca del barco, sino también el de la ciudad destino de nuestra excursión. A su vez, en bereber, el idioma de los bereberes (los habitantes originales de esa zona de Marruecos), fez significa ‘fuentes de agua’ ?las que abundan allí?, mientras que en árabe se refiere a las herramientas como picos y martillos que se utilizaron para levantar la ciudad. También aprendimos del guía lo que podríamos definir como el glosario básico: Nos recibió con el tradicional ‘salaam aleikum’ (la paz sea con ustedes…) y se despidió con un sentido ‘shokrán’ (¡gracias!).

Podríamos decir que la excursión que nos recomendaron los expertos de Costa tuvo por eje el contraste entre presente, futuro y pasado. Casablanca, con más de tres millones de habitantes, es una pujante ciudad moderna, con un total de cinco puertos artificiales, tres aeropuertos y una flamante estación terminal de trenes de alta velocidad que pronto serán entregados por su fabricante francés. De allí hasta Fez, pasando por Rabat, cubrimos 300 kms por modernas autopistas.

Finalmente, comenzamos la visita a Fez conociendo su gran Palacio Real, con imponentes puertas de bronce cincelado a mano que relucen en el sol como si fueran de purísimo oro. Luego continuamos a pie para adentrarnos en un intricado dédalo de callejuelas abarrotadas de gente, tienditas, puestos de comida y cautivantes aromas de especias y platos típicos.

La Antigua Medina

Odalisca

Otro de los atractivos del almuerzo en Fez.

Durante la visita realizamos varias escalas para apreciar el trabajo de quienes trabajan el bronce con martillos y cinceles para crear extraordinarias formas y texturas, una curtiembre donde se tiñen y trabajan cueros para la elaboración de refinada marroquinería (¡nuestro Ahmed perdió la oportunidad de hacer notar que la palabra ‘marroquinería’ deriva directamente del nombre de ese país!) y finalmente una farmacia bereber, que en realidad es una notable herboristería llena de productos, extractos y aceites naturales poco conocidos por los cruceristas. Todo fue ir pasando de un aroma, un perfume, una fragancia a otro, en un cautivante crescendo. Sólo en la curtiembre artesanal el olor dejó de ser grato por emanar de una mezcla de amoníaco y otros agentes químicos mezclados con generosas cantidades de excremento de palomas.

Entre tanto recorrido y experiencias no faltó tiempo para el almuerzo en la que otrora fuera la lujosa residencia de un destacado habitante de la medina, o ciudad antigua. Allí nos esperaba una comida típica, en la que no faltaban el tradicional cous-cous con vegetales, las presas de pollo cocidas en los típicos hornillos de barro de forma cónica, y unos dulces fritos muy azucarados con miel. Durante el almuerzo, un trío de músicos con largas túnicas y sombreros típicos interpretó piezas característica, que Ahmed presentó como las tías abuelas del flamenco. El espectáculo incluyó una danza del vientre a cargo de una bailarina envuelta en vaporosos velos…

Un aspecto que queremos destacar de esta excursión propuesta por Costa es la seguridad. De alguna manera, la que se nos brindó no está disociada de la que representan los chalecos salvavidas de color naranja que utilizamos en el drill del primer día. La antigua medina, un verdadero laberinto, invita a sacar foto tras foto, a tocar los atractivos productos de la artesanía local, a meterse en zaguanes, pasadizos, mezquitas, museos, antiguas universidades y madrasas. Eso haría muy fácil que al final del recorrido, más de un crucerista se distanciara del grupo y acaso se extraviara. Pero éste no fue el caso, porque así como en el ómnibus Ahmed contó con el apoyo de un chófer y su copiloto, durante todo el recorrido a pie tuvo también la infatigable colaboración de unos cinco personajes que nos fue presentando y que, salvando las distancias, cumplieron con eficacia la función de ‘perros pastores’ para impedir que alguna de las ovejitas del rebaño se perdiera por ahí. Y cerrando la procesión, siempre nos siguió a distancia prudencial un solícito gigante que se podría definir como un ‘ropero’, dada su contextura maciza y excepcional altura, de traje, totalmente pelado, de mirada intensa, y que en ningún momento dijo ni una sola palabra, pero que siempre tuvimos a nuestras espaldas. Nos dimos cuenta de que, si bien no había ningún peligro acechando (excepto el de extraviarse), esa amable protección nos infundía gran tranquilidad y eso garantizó que el paseo pudiera disfrutarse a pleno, sintiéndonos contenidos y apoyados en todo momento.

Proa a Canarias

Tanto de ida como de vuelta, a mitad camino hicimos un alto en modernas estaciones de servicio de una gasolinera que no conocíamos, de nombre Afriquia, que nos ayudó a recordar que habíamos pasado el día paseando por el África septentrional, tan cercana a Europa y al mismo tiempo tan diferente y tan mágicamente atractiva.

Volvimos al Fascinosa pasadas las 21.30, y en lugar de enfilar hacia nuestra cabina nos dirigimos directamente al ristorante Gattopardo, donde el maître se apiadó de nosotros y, no obstante el involuntario atraso, nos hizo servir una excelente cena, broche de oro de un día cansador pero inolvidable. Habíamos caminado por la medina incontables kilómetros, subido y bajado por innumerables, muy empinadas y angostas escaleras, y recibido un impacto visual, ambiental y cultural inédito para nosotros. Durante la cena, la costa de África fue quedando atrás y el comandante Pennisi puso proa a nuestra próxima escala, en pleno Atlántico: Santa Cruz de Tenerife. Tras un día viendo flamear el pabellón marroquí con su fondo rojo y la estrella verde en los mástiles, después de un día de navegación estaríamos por viendo flamear el de dos bandas rojas y una amarilla de otro reino: el de España…

Fuentes: Mountain-Voyage, Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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