El Mediterráneo va quedando atrás

Pasar de Europa a África, del Mediterráneo al Atlántico, sabiendo que allí al través, aun invisible en la oscuridad, está el mítico Peñón de Gibraltar, siempre tiene algo de iniciático, aunque no sea la primera vez. El sentimiento es más fuerte cuando a bordo hay que atrasar los relojes (cabal señal de que se están saltando los meridianos), cuando una gala a bordo torna el clima a celebración, y cuando el viejo continente nos ha despedido con sus monumentales vestigios góticos. Entonces el espíritu se abre a lo exótico, desde un crucero que para entonces ya se ha transformado en nuestro hogar…

Catedral Barcelona

La catedral gótica de Barcelona,

A bordo del Costa Fascinosa.- Era viernes. Llegamos a Barcelona para una escala de unas cinco horas, suficientes para encontrarnos con un querido amigo argentino radicado allí hace años y recorrer con él el barrio gótico, uno de los más entrañables y típicos de la capital catalana.

Tomamos un taxi frente a la modernísima terminal de cruceros hasta las ramblas. El viaje llevó unos diez minutos y costó € 7,50. A partir de allí seguimos de a pie para aprovechar cada momento. Pasamos por varias plazas, por callejuelas angostas, y admiramos una serie de edificios y sitios que no habíamos conocido en visitas anteriores. En esta oportunidad no quisimos repetir el que podría definirse como ‘el itinerario Gaudí’, sino que quisimos priorizar los aspectos más antiguos de esta gran ciudad.

Recorrimos los restos de las imponentes murallas romanas, pasamos por el imperdible Museo Picasso, que conserva muchas de las primeras telas del gran maestro malagueño, de la época en que todavía firmaba ‘Pablo Ruiz’. Pasamos por un atractivo mercado ?adquirimos una buena cantidad de excelentes piñones? para luego admirar la catedral, de impactante y severo estilo gótico.

Nuestro amigo nos llevó a ‘la otra catedral’ y nos explicó que cuando la primera fue construida, la gente del pueblo la consideró ‘la catedral de los pudientes’ y, con mucho esfuerzo, construyeron otra muy cerca, para sentirse más representados.

De allí pasamos por una de tantas tradicionales confiterías para descansar un rato, tomar un café y degustar una auténtica natilla catalana, un verdadero manjar. Luego pasamos por la Casa del Rey, un notable edificio donde suele alojarse el rey cuando visita la ciudad, o ‘ciutat’, como dicen allí.

El broche de oro vendría al final del paseo, cuando nuestro amigo nos llevó a un gran cobertizo que en su momento, había sido un mercado, debajo del cual los arqueólogos excavaron las ruinas de la que fuera parte del barrio de la Vilanova del Mar, destruido por el bombardeo de las tropas de Felipe V, en 1714. El sitio, conocido como Yacimiento del Born, documenta cómo se vivía en la ciudad a fines del s. XVII: muy revelador para quienes lo visitan.

Demografía a Flote

Regresamos al puerto y volvimos a embarcarnos en el Costa Fascinosa para seguir viaje hacia la próxima escala: Casablanca, en Marruecos. La temperatura, ya para nada invernal, fue de lo más amigable, y un suéter liviano resultaba por momentos demasiado abrigado. Soltamos amarras al anochecer y disfrutamos de una navegación tranquila en un mar muy azul, extremadamente calmo.

Al regresar al Fascinosa tuvimos la suerte de cruzarnos con Simona, la Directora del Crucero, a quien ya habíamos conocido en un crucero a Brasil a bordo del Costa Favolosa. Como nos había llamado la atención el gran número de huéspedes que embarcaban en Barcelona, aprovechamos para preguntarle sobre la composición ‘demográfica’ de este pasaje, y Simona nos proporcionó los detalles esenciales. El grupo más numeroso a bordo es el de los hispanoparlantes, que suma unas 1200 personas, de las cuales 800 son argentinos. Pero este número es inusual, ya que es la primera vez que se alcanza tal cantidad en un viaje transatlántico. Les siguen los italianos, que son alrededor de 500, a quienes les pisan los talones los alemanes, que son aproximadamente 350. Hay un empate virtual entre los franceses, que suman unas 200 personas, y los luso-brasileños (unos 140 brasileños y unos 60 portugueses). Los ingleses (o los de habla inglesa) son pocos: unos 115. Luego hay rusos y otros europeos, pero son una absoluta minoría. Por lo general, el grueso de los huéspedes está comprendido entre los 45 y los 65 años de edad, hay muy pocos niños y adolescentes, y un número bastante limitado de personas muy mayores.

Gala en Casablanca

Al volver al barco y más aún a nuestra cabina, tuvimos esa cálida sensación de estar volviendo a casa. Es notable cómo el barco se vuelve nuestro hogar mientras dura el crucero, una sensación maravillosa, que se acrecienta por los pequeños detalles de calidez que expresan todos los tripulantes con los cuales se tiene contacto.

El sábado amaneció soleado, con un mar muy calmo y una temperatura como para andar por las cubiertas en mangas de camisa. Fue el primer día completo de navegación, y es cuando más se disfruta de todo lo que el barco tiene para ofrecernos.

No nos quedó mucho tiempo libre. Nos habíamos despertado tarde, subimos a desayunar en uno de los grandes comedores de autoservicio, y después paseamos por las cubiertas superiores, admirando por estribor la costa española en la lejanía y el mar abierto a babor. El Mediterráneo es muy concurrido y en ningún momento dejamos de avistar cargueros, pesqueros, ferries y algunos barcos de pasajeros. Hasta que se hizo la hora del almuerzo, y nos cuidamos bastante porque a la noche habría una cena de gala.

Antes de la cena concurrimos al cóctel de bienvenida del capitán, en el gran teatro Bel Ami, donde el Comandante Massimo Pennisi dio a todos una cálida bienvenida en varios idiomas. Minutos después, en el mismo teatro, disfrutamos de un extraordinario espectáculo de danza. Cuando concluyó, fue el momento de ir al restaurante Gattopardo, donde nos esperaba la primera cena de gala del crucero.

A la mañana habíamos compartido la mesa con una pareja de Manchester, mientras que a la noche hicimos lo propio con dos parejas italianas, una de Turín y la otra de Bérgamo. Es evidente que si uno es tímido y callado, en un crucero pierde todas sus inhibiciones, ya que todo es un encuentro informal y simpático con gente deseosa de contar sus historias y escuchar las nuestras. En un crucero hay tiempo, hay tranquilidad, y uno comparte muchos momentos con tanta gente que vale la pena conocer y que tiene ganas de conocerlo a uno. De alguna manera, la atmósfera del crucero favorece las relaciones humanas y es muy enriquecedora.

Antes del almuerzo habíamos encontrado el tiempo de participar en dos actividades coordinadas por los jóvenes del equipo de animación en el Grand Bar Topkapi (clara referencia al film protagonizado por Melina Mercouri, gran actriz griega que llegó a la fama por su brillante interpretación en ‘Nunca en Domingo’). Participamos en dos competencias divertidas que desafiaron nuestra memoria y conocimientos: una, con diez preguntas en que había que escuchar otras tantas bandas de sonido y responder a cuál película pertenecían. La otra era de geografía, con preguntas muy surtidas, como para no beneficiar a nadie en particular; desde cuál es el monte más alto del África, a cuál es la cadena montañosa más extensa del mundo, o qué país se refería Colón cuando hablaba de Cipango… ¡Muchos habrán lamentado no haber sido más estudiosos en su momento! ¡Ah…! Las respuestas correctas eran: Kilimanjaro, Andes y Japón.

‘Fuego’ a Bordo

Entre el cóctel de bienvenida, en el que el Cdte. Pennisi aprovechó para presentar a la plana mayor del buque, y la cena de gala hubo un espectáculo de danza que impactó por su nivel artístico, vestuario, profesionalismo y excelencia. No sólo las danzas, interpretadas por tres bailarinas y un bailarín, sino el uso muy impactante de las luces también contribuyeron a plasmar un show digno de los mejores teatros en tierra firme. Se trató de ‘Fuego’, una recorrida panorámica por el mundo del flamenco, desde lo más tradicional hasta lo más moderno. Cada número mereció los aplausos del público que llenaba las instalaciones del gran teatro del Fascinosa.

Por si a alguien a bordo pudiera quedarle alguna duda de que estábamos viajando hacia el oeste, a la medianoche entre sábado y domingo tuvimos que correr los relojes hacia atrás, ganando una hora de sueño. No obstante, este cambio no hizo más visible el Peñón de Gibraltar, que pasamos durante la noche, dejando Europa tras el estrecho y adentrándonos en el Océano Atlántico.

Amarramos a las 9.00 de la mañana en el puerto marroquí de Casablanca, ciudad que hizo famosa la inolvidable película homónima que protagonizaran Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Seguramente no habrán faltado los huéspedes cinéfilos que se habrán dirigido a la oficina de excursiones para anotarse en un tour que incluyera una visita al famoso Harry’s Bar donde transcurre buena parte del film. Allí les habrán dado malas noticias: ¡Ése bar jamás existió, salvo en algún estudio de Hollywood! Afortunadamente, Costa ha previsto que esto pueda ocurrir y por eso ofrece ocho atractivas excursiones alternativas para visitar, entre otras cosas, la misma Casablanca o las ciudades de Rabat, Marrakech o Fez. En nuestro caso, siguiendo el consejo de Simona, nos anotamos para ir a Fez, a unas tres horas de ómnibus desde Casablanca. Pero éste será tema para mañana…

Fuentes: Misa Travel, Noticias de Cruceros

 

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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