Un océano de arte

Un paseo por la colección de arte de los dos barcos más nuevos de Oceania nos pone en contacto con el sentimiento que los creadores de la naviera quisieron mostrar a sus huéspedes.

Lalique

La fabulosa Grand Stair Case con detalles de cristal tallado de Lalique

Cada tanto conviene consultar ese libro obeso y culto como lo es el Diccionario de la Real Academia Española, no sólo para salir de dudas, sino para corroborar si las palabras que uno emplea son, o no, “legales”. Si la palabra está en el Diccionario, es admitido su uso y es “legal”. Si uno no la encuentra y la emplea igual, está incurriendo en una grave y burda ilegalidad lingüística. Un crimen del idioma, ¡bah!

Por eso el autor de esta nota fue al Diccionario para ver si podía hablar de “Un océano de arte”, título que daba lugar a un interesante juego de palabras, como se verá. En el Diccionario encontró, entre muchas otras, tres acepciones diferentes y legalísimas. Según el Diccionario, “océano” deriva directamente del latín oce?nus, lo cual no sorprende a nadie: es sabido que el castellano tiene raíces latinas, griegas, árabes o, para ir mucho más atrás, sánscritas. La primera acepción no resultó inesperada: Grande y dilatado mar que cubre la mayor parte de la superficie terrestre. La segunda no fue muy novedosa: Cada una de las grandes subdivisiones de este mar: Atlántico, Pacífico, Índico, Boreal, Austral. ¡Ya lo sabíamos…! La tercera confirmó que estábamos en plena “legalidad”: Inmensidad de algunas cosas. ¡Esto sí que nos venía bien! Un océano es algo muy grande, grandísimo, por no decir inmenso…

Hay una naviera que se ha basado precisamente en el océano para bautizarse: se trata de Oceania Cruises, creada en 2002 por dos veteranos de la industria de cruceros de lujo, Frank Del Río y Bob Binder. Según leemos en un cuidado libro que nos hicieron llegar, Oceania es la mayor línea de cruceros del mundo en la categoría “upper premium”, que es como decir “lo mejor de lo mejor” en cruceros de lujo. Esta categoría, según sus fundadores, se basa en cuatro sólidos pilares: Alta cocina, Confort, Servicio y Alto Valor de Costo-Beneficio. Así, el que modestamente describen como su “producto”, merece decididamente las proverbiales cinco estrellas.  Sus naves -íntimas y lujosas- permiten explorar el mundo con un servicio y confort sin iguales.  De tamaño mediano, ofrecen una atención personalizada y una experiencia exclusiva y llegan hasta 330 diferentes puertos del mundo. Sus barcos Marina y Riviera debutaron respectivamente en 2011 y 2012. Ambos tienen capacidad para 1250 huéspedes. Se unieron a los otros tres barcos de la línea: Regatta, Insignia y Nautica, mellizos ganadores de numerosos premios no sólo por su confort y servicio, sino por el nivel de su alta cocina.

Frank Del Río expresó: “Tuve la misma visión y conexión emocional al efectuar nuestras adquisiciones de obras de arte como por los mismos Marina y Riviera – que fueran hermosas, elegantes y refinadas. Los barcos y el arte son todo uno…”

Volvamos al título Un océano de arte. La colección de arte a flote en los barcos de Oceania no es un mar, sino un verdadero océano, por su amplitud, variedad y nivel artístico. Incluye firmas cuya obra es conocida y valorada en el mundo entero: basta mencionar las de dos grandes artistas ibéricos, como Pablo Picasso y Joan Miró.

Por lo general el arte a bordo de los barcos de cruceros es un complemento, un elemento más de la ambientación, siempre muy cuidada. En el caso de Oceania, nada ha sido dejado al azar. Por ejemplo, la decoración de las suites lleva exclusivamente la firma de Ralph Lauren y de su “Home Collection”.  Tradicionalmente, la compra de arte para los barcos de cruceros es encomendada a contratistas especializados, que adquieren arte en una forma bastante impersonal, fría e indiscriminada. No fue ése el caso de Del Río y Binder, que se encargaron personalmente de visitar galerías y artistas en varios países de mundo. Esto no sólo agrega valor a la colección, que es tanto más coherente que otras, sino que le suma un factor emotivo que no escapa a los huéspedes dotados de sensibilidad. No se trata de una colección “para otros”: al abordar los barcos de Oceania los huéspedes son invitados a recorrer salón tras salón, admirando la colección “personal” de Del Río y Binder.

Reseñar los nombres de los 90 artistas, varias de cuyas obras pueden admirarse a bordo, no tiene mayor sentido: lo importante es admirar la obra, hacerla nuestra y asociarla a las emociones que nos produce. Lo que más nos ha llamado la atención al recorrer las páginas del catálogo profusamente ilustrado, ha sido detectar una importante presencia de artistas que, por sus apellidos, parece incluir una mayoría de latinos. Hay también muchos apellidos europeos y anglosajones, pero es evidente que los fundadores de Oceania tienen una predilección por los latinos, lo cual concede a la colección un sentido, una unidad y una coherencia que sólo es posible encontrar en las que pertenecen a los grandes coleccionistas privados, galeristas o marchands.

Hojeamos el catálogo más de una vez y llegamos a la conclusión de que no hay libro que pueda hacer justicia a tamaña colección “oceánica”.  Lo mejor será reservar una suite a bordo, por ejemplo, del Marina o del Riviera, admirar las obras y sacar las propias conclusiones. En este caso es bien aplicable un conocido dicho inglés sobre la percepción de la belleza, que para cada uno de nosotros puede diferir, y mucho: “Beauty lies in the eye of the beholder…algo así como afirmar que “la belleza reside en el ojo de quien observa”.

Sin duda alguna, en los barcos de Oceania hay un océano de arte para disfrutar y enriquecer la extraordinaria experiencia “upper premium” con la belleza de las obras de arte.

Fuentes: Vanguard Marketing / Oceania Cruises / Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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