Una gran colección de arte

“El Arte es la Nave” reza el título de un libro que descubre las obras que a veces pasan inadvertidas a bordo de los buques de Costa Cruceros.

La "Sfera" en bronce de Arnaldo Pomodoro

La “Sfera” en bronce de Arnaldo Pomodoro en el Costa Deliziosa

Toda vez que se habla de artes plásticas, es automático pensar en coleccionistas, galerías de arte y -desde ya- museos públicos o privados. Pero si investigamos más a fondo, nos damos cuenta de que hay un importante miembro de este club, para quien el arte no es sólo una afición o una pasión, sino una necesidad plenamente reconocida. Esta sensación se confirmó al recibir un apreciado obsequio de un gerente de una de las grandes navieras cuyos barcos navegan por todo el mundo y -año tras año- son protagonistas infaltables de la temporada de cruceros en esta parte del mundo. No se trata de una naviera más, sino de una muy tradicional íntimamente ligada con Italia y nuestro país. Solíamos identificarla como la “Línea C” y hoy la conocemos como Costa Crociere, Costa Cruceros en vernáculo, o Costa Cruises en todo el mundo.

Han pasado muchos años desde que en nuestro puerto amarraban entrañables barcos como el Andrea C, el Giovanna C, el Anna C, el Enrico C, el Federico C hasta llegar al que realizó el último “viaje de línea” de Buenos Aires a Genova, el esbelto Eugenio C, con sus dos características chimeneas inclinadas hacia popa. Así, la que fuera la  Giacomo Costa fu Andrea (algo así como Giacomo Costa hijo de Andrea), creada  por una familia de productores de aceite de oliva en Liguria -amantes del mar y la navegación- se ha posicionado hoy como una de las mayores navieras de la industria crucerística.

Desde siempre, sus barcos fueron un ejemplo de buen gusto y refinamiento, diseño a la italiana, y cuidada decoración. Con el pasar de los años los que habían nacido como simples motivos y diseños decorativos fueron migrando hacia una considerable colección de arte que recorre los mares, los océanos y -en nuestro caso rioplatense- los ríos del mundo…

El Arte es la Nave

El Arte es el Barco

El obsequio que nos hizo llegar Maximiliano González, es un excelente libro editado por Skira, la editorial especializada en ediciones de arte. El título anticipa su contenido: L’Arte é la Nave (El arte es el barco). Su autor es el reconocido periodista y crítico de arte ítalo-francés Philippe Daverio. Sin siquiera haberlo hojeado, la lectura de la contratapa nos abrió los ojos ante una realidad que nos resultaba desconocida.

Dice el autor que “el barco, entre todo aquello que el hombre ha fabricado, es lo único, probablemente más allá de la misma arquitectura, que condensa la suma del saber, del poder y del tener. Resumen, por milenios, de la cumbre tecnológica, siempre se ha revestido, por razones simbólicas o de prestigio, con lo mejor que pudiera producirse. A la talla de las maderas, mascarones de proa de pechos generosos o dragones vikingos según el caso, se agregaron decoraciones apropiadas y colecciones de valor: en pleno mar, la riqueza daba seguridad. A la alegre agresividad de las figuras colocadas en la proa respondían las cabinas situadas en la popa con generosos vitrales, altas sobre el mar y el timón. Los aposentos del capitán o del armador se convirtieron en las carabelas del Cuatrocientos, en los galeones del Quinientos y en las naves del Seiscientos, en reductos del lujo…”

En el interior del refinado libro profusamente ilustrado coexisten varios tipos de arte, que van del arte meramente decorativo que otorga personalidad a cada uno de los ámbitos de los barcos, a los detalles de arquitectura naval que impactan por su expresiva grandiosidad y finalmente a obras que incluyen dibujos, grabados, tallas, cerámicas, mosaicos, vitrales, bronces, taraceados y esculturas que se lucen del mismo modo en que lo harían en un museo tradicional, con la única diferencia de que éste está bien firme, aferrado a la tierra, mientras que los barcos, verdaderos museos flotantes, llevan las colecciones de arte de gira itinerante por el mundo entero…

En los barcos de Costa viajan hasta 3800 huéspedes por crucero, siempre escoltados por la belleza de una mega-colección de arte sin par, que suma mucho a la gran experiencia que supone viajar rodeados por una gran tradición marinera. A nivel algo más prosaico se podría también agregar que el arte que nos acompaña en cada viaje cumple también un papel de gran utilidad para quienes -en los primeros días de crucero- solemos perder el rumbo en estos inmensos barcos que superan ya las tres cuadras de largo. Hay veces en que uno no consigue -sin la solícita ayuda de un miembro de la tripulación- regresar a su cubierta, ni tanto menos a su cabina, o que en lugar de llegar al comedor se encuentra inexplicablemente en la piscina de popa. Esto ocurre hasta que aprende a guiarse por la ubicación de las obras de arte. De pronto, descubre que para regresar a su cabina desde, por ejemplo, la biblioteca, debe bajar dos escaleras, doblar a la derecha en esa gran naturaleza muerta, apuntar hacia ese panel que le recuerda obras de De Chirico, cruzar hacia estribor por el pasillo al que se asoman ocho ascensores y luego doblar hacia la izquierda en ese grabado geométrico de tonalidades cálidas. Así, el arte que uno encuentra a bordo cumple con más de una función y enriquece nuestra experiencia como huéspedes de Costa.

Fuente: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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