Basura, de eso no se habla

Aguas negras, aguas grises, residuos tóxicos. Un crucero es una pequeña ciudad que genera toneladas de basura por día. He aquí qué sucede con ella.

Camiones Atmosféricos

Los camiones atmosféricos vacían los tanques de aguas negras del crucero

En la reciente Convención de Cruceros de Mar del Plata, uno de los directores de la empresa Stericycle, Enrique Suárez, ofreció a los asistentes una presentación que se centró en un tema que no aparece con frecuencia cuando se habla de cruceros. Es mucho más común hablar de destinos paradisíacos, playas impolutas, mares transparentes, fauna marina saludable y variada para atraer un volumen siempre mayor de cruceristas deseosos de embarcarse y disfrutar todo lo que ofrecen los maravillosos barcos que hoy surcan los océanos, mares, ríos y hasta lagos del mundo. Pero hay temas que recuerdan el título de un conocido film de la directora María Luisa Bemberg: “De eso no se habla” que contó con la actuación del muy itálico Marcello Mastroianni. Uno de esos temas son las toneladas y toneladas de desechos que produce cada barco que navega. Volviendo al tema de los desechos, van surgiendo nuevas empresas cuya misión es la de colaborar con las navieras para minimizar el daño ambiental que el funcionamiento de estos grandes barcos podría tener sobre los frágiles ecosistemas acuáticos.

Cuando uno va a un restaurante a cenar hace caso omiso de qué pasará con la basura que se produce, del detergente que se usa para lavar la vajilla, de cómo se elimina el aceite que se utilizó para freír las rabas o el filete de pescado, y de qué pasará con los líquidos cloacales de los servicios sanitarios del local. No parece  preocupar a nadie qué pasa después de comer: lo único que importa a la mayoría es si la comida fue de su agrado, si el servicio ha sido esmerado y eficiente y si el precio ha sido razonable. Pero es mucho pedir que los comensales se preocupen por el destino de los desechos que se han producido para poder gozar de una deliciosa cena. Ése es un problema “ajeno”, que al comensal no parece preocuparle en lo más mínimo, casi como si el mundo en que vive no le perteneciera, que el Planeta no fuera el único con que cuenta y como que las condiciones ambientales no le afectaran en forma dramáticamente directa.

En los cruceros sucede otro tanto y a escala notablemente mayor. Supongamos que a la hora de la cena, entre huéspedes y tripulantes cenan en un crucero unas -digamos- 5.000 personas. En un restaurante promedio, podrán hacerlo unas 200 a lo sumo, y obviamente el problema de los desechos será directamente proporcional al número de las “almas”, por no decir estómagos e intestinos…

Volvamos a la presentación que Suárez hizo en Mar del Plata, centrada en su experiencia y la de su empresa en el puerto de Ushuaia, el más austral del país y la única terminal portuaria de la Isla Grande de Tierra del Fuego en territorio argentino. El puerto es muy activo y recibe cruceros antárticos e internacionales, además de un gran número de barcos de carga, militares, frigoríficos y científicos. Con algunos altibajos entre un año y otro, la cantidad de cruceristas que llegan o salen del puerto de Ushuaia oscila entre los 70.000 y los 110.000 por temporada. Esto da una clara idea de la importancia que tiene un manejo ambientalmente responsable de los desechos de cada barco. Entra a jugar una palabra hoy bastante abusada, como es la “sustentabilidad”. Suárez recomienda analizarla desde una óptica del significado: lo “sustentable” es aquello que se puede seguir haciendo a largo plazo, o sea en el futuro que les tocará vivir a las próximas generaciones.

Los desechos de un barco pueden ser líquidos o sólidos. El principal desecho líquido está constituido por una base de agua con determinado nivel de impurezas: se suelen dividir las aguas en “grises” y “negras”.  Grises son las  que provienen, por ejemplo, de las duchas y el lavado de ropa y vajilla. La negras no necesitan mayor presentación: son aguas cloacales provenientes de todos los artefactos sanitarios del barco.

La basura que produce un barco es tanto más peligrosa si no se la trata y manipula de la forma adecuada y está básicamente compuesta por elementos producidos por el hombre que, de terminar arrojados al mar, río o lago producirían daños permanentes en la delicada ecología marina, fluvial o lacustre.

Los objetos que conforman la basura de un barco van desde una simple colilla de  cigarrillo, una gorra de baño, un cepillo de dientes, restos de comida o grandes contenedores de lubricante para motores: todo eso contribuye a contaminar. Hay procesos a bordo que producen desechos tóxicos: basta mencionar los solventes utilizados para el lavado a seco y los productos químicos empleados para los procesos fotográficos.

Los distintos materiales contenidos en los desechos más frecuentes tienen un ciclo propio de degradación. Cuanto más lenta sea ésta, tanto mayor será el daño causado y su duración.

Basura en el mar

Es interesante comparar el tiempo de degradación de algunos productos cotidianos:

  • Soga: entre 3 y 14 meses
  • Papel: 5 meses
  • Filtros de cigarrillos: entre 1 y 5 años
  • Envases tipo tetrapak: 5 años
  • Bolsas de polietileno: entre 10 y 20 años
  • Tela de nylon: entre 30 y 40 años
  • Latas y vasos de plástico: hasta 50 años
  • Suelas de goma: entre 50 y 80 años
  • Latas de aluminio: entre 80 y 200 años

Esto es lo que se degrada “rápido”… donde “rápido” significa que la latita de cerveza que hemos consumido este verano podrá permanecer en el agua hasta mucho después de que nosotros hayamos ido a “tocar el arpa” en alguna celestial nubecita… Pero también hay productos que subsisten en el agua por lapsos mucho más prolongados. Tres ejemplos bastan para comprender la gravedad del problema:

  • Botellas de plástico: ¡1.000 años!
  • Botellas de vidrio: ¡1.000.000 de años! (Sí…leyó bien y no necesita visitar al oculista: ¡Un millón!)
  • Envases de telgopor: sencillamente no se degradan jamás

Las consecuencias de un mal manejo de la basura “marítima” son inconmensurables y afectan a todas las especies marinas, provocándoles enfermedades, amputaciones, dañando sus fuentes de alimentación y -en muchos casos- causándoles graves heridas cuando no –directamente- la muerte.

Es por esto que están surgiendo en todo el mundo empresas especializadas en la recolección, manipulación y tratamiento de los residuos sólidos y líquidos de los grandes barcos de crucero, para asegurar que esta floreciente industria pueda seguir atrayendo a más y más cruceristas, sin que su misma actividad sea la causa de una contaminación que produciría efectos parecidos a los de matar a la mítica “gallina de los huevos de oro”. No sólo las navieras, sino los propios huéspedes de los cruceros deben tener una conciencia ecológica para que las generaciones del futuro puedan seguir gozando de un buen crucero en mares, ríos y lagos ecológica y sustentablemente sanos.

Fuentes: Stericycle / Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa.