Noche mágica en el “Azamara Journey”

Una invitación a conocer una nave, teriminó en los ojos de nuestro cronista, convirtiéndose en una velada de cuentos.

Azamara Banda

Noticias de Cruceros fue amablemente convocada a participar de un cóctel y una cena muy exclusivos junto con un reducido grupo de periodistas y agentes de viaje. Lo insólito de la invitación, que nos hizo dudar en qué restaurante cenaríamos, era que nos sugerían cómo deberíamos ir vestidos para la ocasión. Creemos recordar que el “dress code” (algo así como “código de vestimenta”) era “cocktail” (que es como decir “elegante”. Lo más misterioso de todo era que se recomendaba no olvidar el DNI, ya que para acceder al restaurante habría antes que pasar por el control de Migraciones.

De buenas a primeras se nos ocurrió que podría tratarse de un restaurante en la zona portuaria, en Puerto Madero, pero la única vez que nos habían solicitado el DNI además del registro de conducir, había sido en un sorpresivo control de alcoholemia.

Al releer más cuidadosamente la invitación, caímos en la cuenta de que nos estaba invitando Organfur, la empresa que, entre otras, representa a tres conocidas navieras: Azamara, Celebrity Cruises y Royal Caribbean. De hecho, la cena sería a bordo del Azamara Journey, barco de crucero de lujo, que pasaría tres noches amarrado en el puerto de Buenos Aires, a diferencia de otros cruceros que amarran a las 8:00 de la mañana y parten a las 18:00 del mismo día. En la Terminal de Cruceros nos aguardaban minutos antes de las 18:00 hs. Joaquín Salgueiro, Jefe de Marketing de Organfur y Gustavo Ng, de su agencia de prensa. Nos mezclamos con gran cantidad de pasajeros que tras un día en Buenos Aires volvían a sus barcos (ese día habían coincidido cuatro cruceros en el puerto) con  cámaras, filmadoras, botellas de agua mineral, bolsos, compras y paraguas, porque el clima no había estado demasiado clemente todo el día. Pasamos por un rápido control de Migraciones, nos retuvieron el DNI a cambio de una credencial de “visitor” de Azamara, pasamos por el consabido detector de metales y pronto estábamos en un micro como cualquier huésped a punto de embarcar en un crucero sorteando montañas de “containers” y pasando al lado de un par de cruceros gigantescos, uno de los cuales estaba ya soltando amarras hacia los puertos de Brasil. De pronto llegamos al pié del Azamara Journey y nos llamó la atención su bandera que, de buenas a primeras, no nos resultó muy familiar hasta que vimos en la popa el puerto de registro: Valletta, o sea Malta.

Subimos al barco que, al lado de los gigantescos cruceros que habíamos dejado atrás, se nos hizo relativamente pequeño, y de hecho lo era. Basta comparar los 300 metros de eslora de ésos y su tonelaje de más de 100.000 toneladas con los del Journey: 180 metros y algo más de 30.250 toneladas. Mentalmente lo comparamos con un barco ya histórico (y desguazado) que solía llegar con frecuencia al puerto de Buenos Aires cumpliendo sus viajes de línea, el Eugenio C, de líneas esbeltas y con sus dos chimeneas amarillas inclinadas, casi en la popa. El Eugenio tenía aproximadamente 33.000 toneladas.

Entramos a un hall principal a un costado del cual se encuentra el “desk” de atención a los cruceristas. El primer impacto fue muy grato y cálido: una iluminación amigable, nada estridente, alfombras de diseños refinados, barandas de bronce y cristal en las escalinatas y la mayoría de las paredes revestidas en boisserie de tono marrón oscuro.  Nos escoltaron hacia un espectacular salón que ofrece una vista panorámica a 180º por enormes ventanales. Se trata del “Looking Glass Lounge” (Salón del Largavistas) donde se sirvió un excelente cóctel pletórico de champagne, vinos finos y canapés de una variedad y calidad que hicieron justicia a la fama de la alta cocina de abordo. Hay que confesar que mirando Buenos Aires a través de los enormes ventanales todos sentíamos el deseo inconsciente de que de pronto sonara la sirena y la ciudad comenzara a hacerse cada vez más pequeña, zarpando hacia algún destino atractivo y desconocido.

Nos llamó la atención que el barco se encontrara mayormente vacío, pero pronto comprendimos el motivo. Cada tanto un oficial anunciaba por los altavoces que en minutos más saldrían los ómnibus reservados para diferentes excursiones en tierra. Azamara tiene una marca registrada para sus excursiones o eventos “estrella”. En este caso, se trataba de una velada con cena y show de tango, calificada como “Azamazing”, una combinación de Azamara y “Amazing” que -en buen romance- significa “sorprendente”.

Sentimos la necesidad de preguntar a un oficial que de pronto apareció en el Looking Glass Lounge si Azamara tenía un significado especial. Se le iluminó la cara y vino a sentarse a nuestra mesa para brindarnos una explicación detallada y muy interesante. Azamara es un nombre de fantasía, basado en raíces de palabras que comparten fundamentalmente los idiomas romances. Deriva de “az” (la raíz de azul, azure, azzurro) y más obviamente de “mar” (de dónde mar, mare, mer). A esto se le agregaron unas cuantas “a” para lograr un efecto más musical y nació así el nombre de esta naviera de lujo. Pero no terminan ahí las etimologías. En la época clásica, cuando aún se creía que la tierra fuese absolutamente plana, la estrella más luminosa que podía divisarse mirando hacia el sur desde Grecia -apenas por encima del horizonte- era conocida como “Acamar”. De modo que el nombre de Azamara parece remitir al recorrido de una estrella luminosa sobre un tranquilo mar azul…

El cóctel llegó a su fin, y comenzamos un nuevo “sufrimiento”: recorrer el barco para conocer sus distintos ámbitos. Cada sala, salón, rincón o ámbito que recorríamos hacía más agudo el desasosiego de saber que no iríamos a ninguna parte en el magnifico Journey, y que en lugar de dormir en una cabina arrullados por las olas, volveríamos a Migraciones, recogeríamos nuestros DNI e iríamos a dormir a casa. Algo así como Cenicienta, temerosa de que llegara la medianoche y que su carruaje volviera a convertirse en un zapallo. Conocimos así un pequeño teatro, The Cabaret, y una sala dedicada a la lectura y a los juegos de mesa con mullidos sillones y una muy surtida biblioteca. Muy cerca, otra para quienes desean no sólo navegar en el barco sino que quieren hacerlo también por Internet. Recorrimos un muy equipado gimnasio, un salón de belleza para damas y un refinado spa no lejos de una serie de boutiques, cerradas por estar en puerto, repletas de artículos de notable buen gusto, una joyería, una galería de arte y no menos de cuatro restaurantes muy bien diferenciados: el buffet “Windows Café”, el “PrimeC” especializado en carnes, el “Discovery” que viene a ser el restaurante más formal del Journey y finalmente el “Aqualina”, un restaurante “Premium” donde la comida de estilo italiano y los platos a base de pescado y frutos de mar son la especialidad. En los barcos de Azamara está todo incluido, hasta las bebidas -alcohólicas o no- los tragos, los cafés especiales y las propinas. Una vez que los 764 huéspedes se embarcan ya no tienen que preocuparse por nada y pueden entregarse al disfrute total del crucero.

Cenamos en el “Aqualina”, el único restaurante para el cual hay que reservar una mesa abonando 25 dólares por cabeza (excepto en el caso de quienes ocupan una suite). Según nos explicaron, los 25 dólares cubren la reserva, ya que caso contrario su reducida capacidad se vería superada cada noche. El idioma oficial del barco es el inglés, ya que los huéspedes son mayormente norteamericanos y europeos que lo conocen o, al menos, lo manejan. Aun así, en la mesa nos atendieron un camarero hondureño y una camarera rumana. Para llegar hasta allí habíamos atravesado casi todo el Journey y bordeado su piscina, ubicada en el centro del barco. La cena se prolongó bastante: nadie estaba apurado por poner fin a una velada que había tenido mucho de mágico. Se acercaba la hora de volver a la realidad, pero faltaba un detalle: visitar algunas cabinas. Podríamos decir que llegamos a conocer los dos extremos. Una confortable cabina interna (sólo hay 16 en todo el barco) y una espectacular suite con terraza, ya que “balcón” le quedaría chico… No es posible describir en pocas líneas lo espacioso, confortable y lujoso de este aposento flotante. También aquí -como en el resto del Journey- una gran cantidad de detalles refinados, cortinados, alfombras, colores y luces suaves y entonados, muebles de estilo, bronce, mármol y boisserie.

Azamara escalera

Escalera interior del Journey

Ya nos estábamos dirigiendo a la salida cuando cruzamos el Casino totalmente vacío ya que en puerto no puede funcionar. Lo único chillón (si bien las pantallas estaban apagadas) eran las máquinas tragamonedas, ya que las mesas de ruleta, blackjack y otros juegos hacían perfecto juego con el estilo sobrio y señorial del barco. Es que eso es precisamente lo que el Journey es: señorial, sin estridencias. Botado en el año 2000, fue totalmente remozado y reformado hace menos de dos años con una inversión que requirió unos 75 millones de dólares. Como resultado, el Azamara Journey es más que un barco de crucero. Es un barco de lujo que, por sus proporciones, decoración y estilo sólo se nos ocurre calificar como exclusivo e íntimo. La sensación que tuvimos no fue la que surge de un barco de crucero. En el Journey uno no se siente ni en una “ciudad flotante” ni en un “hotel cinco estrellas”: en el Journey uno se siente realmente como el socio de un club súper exclusivo o como el propietario de una residencia digna de la más rancia nobleza.

Bajamos por la escalerilla, dejando atrás todo eso y tuvimos una última visión del tipo de servicio que uno puede esperar viajando en el Journey. Al pié de la escalerilla estaba tocando una música muy vivaz un pequeño conjunto de músicos de abordo, para recibir a los huéspedes que estaban bajando en ese momento de los micros que los traían de regreso de su velada “Azamazing”. Y no sólo los aguardaban los músicos, sino un pequeño grupo de camareros que ofrecían burbujeantes copas de champagne bien frappé. Breve recorrido en micro, y llegamos de vuelta a la Terminal Quinquela Martín. La magia había terminado: nos despedimos de nuestros anfitriones y lo único positivo de este desembarco fue que no debimos ir a buscar nuestros equipajes…

Video institucional de Azamara Club Cruises

Si desea ver más fotos de Azamara Journey visite nuestro FACEBOOK

Fuentes: Azamara Club Cruises / Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa.