Valparaiso, última escala del “On Board”

Luego de “subir” la costa chilena, el Golden Princess nos deja en Valparaíso, puerto final de nuestro crucero.

Golden-Princess-Valparaiso

El Golden Princess en Valparaiso

Los días de navegación son muy diferentes a los otros y tienen una magia toda especial. Son los días en que los huéspedes de los grandes hoteles flotantes -que otra cosa no son los barcos de crucero- realmente aprovechan a pleno el confort de sus “hoteles” de 5 o más estrellas. Para comenzar, al no haber escala en ningún puerto, es ideal remolonear en la cama sin tener que preocuparse de desembarcar, de bajar a tierra en uno de los primeros “tenders” para no perderse las excursiones o atrasar las visitas “autoguiadas”.

Son días ideales para desayunar en la cabina, gozando de la vista del mar en piyama o camisón. Vale la pena acotar que en el Golden Princess no se cobra ningún adicional por desayunar en la cabina: lo único que hay que hacer es dejar el pedido detallado colgado del picaporte exterior. La puntualidad del servicio es notable. Una mañana pedimos el desayuno a las 10:00 hs. Justo a esa hora un camarero golpeó a nuestra puerta y depositó la enorme bandeja con nuestro pedido en la mesita ratona redonda.

Los días de navegación transcurren serenos, relajantes y llenos de cosas para hacer y actividades en las que participar. Los otros días uno está demasiado “ocupado” como para descubrir que en el barco hay una capilla ecuménica –Hearts & Minds Chapel (Capilla de Corazones y Mentes)- un mini-golf, un gran spa, una sala de lectura con biblioteca y computadoras para navegar (por Internet, en este caso…) y “laundromats” en cada cubierta. Los laundromats otra cosa no son que lavaderos muy bien equipados donde se encuentra desde una máquina para cambiar billetes por monedas de dólar, otra para seleccionar el tipo de jabón que se prefiere, máquinas de lavar, otras para secar y tablas de planchar con sus respectivas planchas.

Campo de Golf y Criquet

Campo de Golf y Criquet

Por otra parte, al recorrer el barco sin apuro se van descubriendo toda suerte de placeres incluidos, es decir, sin costo. Por ejemplo, hay un local cercano a una de las piscinas donde se pueden solicitar hamburguesas o pizzas. No lejos de allí hay una heladería donde se pueden elegir helados sólidos o blandos.

En el ámbito de la Piazza hicimos otro descubrimiento: hay un bar con amplias vitrinas donde se pueden admirar toda suerte de elaborados sándwiches, postres y masas. Todo es gratis allí y se puede “repetir” todas las veces que se quiere, excepto las bebidas, tes y cafés especiales que se cobran aparte mediante la omnipresente tarjeta azul, que permite bajar y subir al barco en las escalas, entrar a la cabina y pagar los servicios y productos no incluidos.

Estábamos allí a la tarde, disfrutando de la música del quinteto Tango Sur y de un espectacular capuchino. De pronto los músicos se tomaron un breve descanso y aprovechamos para conversar unos minutos con Andrés Santarsiero, contrabajista y líder del grupo. Conocimos también a Santiago Cirmi Obón (bandoneón), Javier Kase (violín), Gastón Harisquiry (piano) y Augusto Macri (guitarra). Son todos jóvenes y su edad promedio no pasa de los 28 años. El quinteto se formó hace siete años y hace cuatro que viene presentándose en barcos de Princess Cruises, no sólo en Sudamérica sino en otros itinerarios también. En promedio, trabajan a bordo cuatro meses por año. Cuando no navegan ejercen la docencia en conservatorios y a nivel particular.

Además de esta actividad académica, siguen tocando todo el año, en tanguerías, cafés-concert y milongas. Andrés suele presentarse en la Esquina Homero Manzi, Santiago lo hace en El Viejo Almacén y han tocado juntos en el emblemático Tortoni. A la fecha, ya han grabado tres CDs.

En la tranquilidad de dos días de navegación aprovechamos para ordenar nuestras ideas y llegamos a la conclusión de que en un crucero hay tres preguntas que se repiten incesantemente como iniciadoras-facilitadoras de diálogos que luego pueden prosperar o quedar en eso. Las tres preguntas “básicas” son: “Where are you from?” (¿De dónde es usted?); “Are you enjoying the cruise?” (¿Está disfrutando del crucero?”): “What do you do for a living?” (¿De qué trabaja usted?). Con estas tres preguntas se “abre el juego” y de allí pueden surgir duraderas amistades.

En el impactante Princess Theater, que ocupa la proa de las cubiertas 6 y 7, compartimos con varios huéspedes con los que habíamos entrado en contacto durante la primera parte del crucero la proyección de un gran film que es hoy una película de “culto”: El Motín del Bounty, con Marlon Brando, a quien veríamos años más tarde en el papel protagónico de Don Corleone en El Padrino (The Godfather).

El motín del Bounty

El segundo oficial Fletcher Christian (Marlon Brando) rodeado de sus hombres

Como es tradicional, las tiendas del barco ofrecen notables descuentos de hasta el 50% sobre una amplia selección de sus colecciones y artículos durante el último día del crucero. La gran  liquidación, conocida como “barata” en varios países del continente) tuvo lugar en el salón comedor Bernini, donde las mesas estaban literalmente cubiertas de artículos a precios realmente atractivos. Contrariamente a nuestras expectativas, no sólo las señoras sino los caballeros revolvian afanosamente toda la mercadería expuesta para no perderse las gangas de última hora.

Pasamos por el “Passenger Service Desk” (Mostrador de Servicios al Pasajero) para proceder a pagar por lo que habíamos consumido o comprado a bordo. El trámite fue de una rapidez y sencillez sorprendentes. Se pasa la ya famosa “tarjeta azul” por un terminal que parece el monitor de un cajero electrónico. Por una ranura sale impreso el estado de cuenta que uno puede revisar. Luego es sólo pasar por el “desk” y firmar. Si a partir de ese momento uno desea realizar algún otro gasto, puede hacerlo y será cargado directamente a la tarjeta de crédito con la que ha garantizado los pagos.

Recepción

La Recepción del Golden Princess

Llegó el momento, a la tardecita, de volver a las cabinas para darse una buena ducha, cambiarse y hacer las valijas en las que cuando uno sale de su casa parece caber de todo, mientras que antes de desembarcar parecen haberse achicado… En principio, se aconseja dejarlas fuera de la puerta debidamente etiquetadas antes de ir a cenar para que durante la cena puedan ser retiradas para agilitar el desembarque a la mañana siguiente. No todos lo hacen, y recién después de cenar -y a las apuradas- cumplen con su obligación. Parece mentira pero ha ocurrido que alguien guarde todo, pero todo, diligentemente en su equipaje y deba desembarcar a la mañana siguiente vestido con su piyama o camisón y el cepillo de dientes en la mano…

La cena fue menos animada que todas las que la precedieron y tuvo un leve dejo a “última cena”. Todos estaban más silenciosos que de costumbre porque la mayoría desembarcaría en Valparaíso y ése sería para ellos el final del crucero. Otros estaban preocupados porque tenían un vuelo muy temprano que temían perder ya que el ómnibus que los llevaría al aeropuerto de Santiago tardaría no menos de dos horas. Pero para los más el fin del crucero coincidiría con el fin de las vacaciones – ¡algo que a nadie le gusta! Sin embargo el ánimo general de los huéspedes cambió de 180º tras asistir a un fantástico espectáculo ofrecido por los bailarines y cantantes del Golden Princess en el teatro de proa: Stardust (Polvo de Estrellas), un “revival” de músicas, bailes y canciones de los ‘70 y ‘80, al mejor estilo de Broadway.

Volvimos a nuestra cabina antes de la medianoche. Nos despertaríamos muy temprano la mañana siguiente y queríamos descansar. Nos levantamos a las 7:30 y fuimos a la cubierta 14 a desayunar en el Lido. Ya estábamos amarrados a uno de los muelles del hiperactivo puerto de Valparaíso, pero la ciudad estaba oculta por una espesa niebla que tapaba también buena parte de las colinas que la rodean. Nuestro punto de encuentro era el Explorers Lounge. Bajamos un par de cubiertas, pasamos por la escalerilla y pisamos tierra chilena.

En la terminal recogimos nuestros equipajes y subimos al ómnibus que nos llevaría hasta el Aeropuerto Arturo Merino Benítez de Santiago, donde llegamos antes de las 11:00 hs. No teníamos apuro, porque el único vuelo que habíamos conseguido para el Aeroparque salía…a las 22:30 hs.  La espera no se nos hizo tan larga, gracias a un almuerzo liviano y a una serie de partidos de canasta con los que pasamos el rato. El vuelo hasta Buenos Aires apenas duró una hora cuarenta y afortunadamente sobre la Cordillera no tuvimos nada de turbulencia. Ya de vuelta en casa, tomamos un café antes de acostarnos y fue allí que decidimos que a la mañana siguiente buscaríamos en Internet qué otros cruceros ofrecía Princess:¡uno no había sido suficiente!

Vea la posición actual del Golden Princess

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Princess Cruises es representada en Argentina, Paraguay y Uruguay por Discover the World. Mail: info@discovertheworld.com.ar  Tel:+54 (11) 52741 600 Web: www.discovertheworld.com/argentina

Fuentes: Al Sur de América / Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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