Las Malvinas (Falkland) y las leyes de Murphy

La escala en las Islas Malvinas (Falkland) es sin duda uno de los “must” de este viaje. El equipo de NDC logró “disfrutar” del clima, sin perder la compostura y el buen humor.

Malvinas

Casas típicas con jardines muy cuidados

Llegamos a las aguas de las Islas Malvinas alrededor de las 8:30 de la mañana del sábado: a las aguas, porque el puerto se encontraba aún algo lejos. Fue necesario aguardar que los “tenders” -las lanchas de desembarco con capacidad para cien personas- estuvieran listas para iniciar su servicio. Tras un viaje algo “movido” de unos quince minutos, tocamos tierra malvinense. Al final del angosto muelle nos recibió un gran cartel dando la bienvenida a las Falkland, el otro nombre que poseen las islas.

Por suerte, al cruzar la calle nos acordamos de mirar para el “lado equivocado”, evitando así ser atropellados por una 4×4 Land-Rover que venía por la izquierda de acuerdo con la costumbre local. El clima no fue amigable y a los pocos minutos de desembarcar del “tender” empezó una fina garúa que pronto se convirtió en llovizna para pasar luego a lluvia con momentos de aguanieve. Hacía bastante frío, pero afortunadamente con poco viento. Nos llamaron la atención los jardincitos muy cuidados, llenos de flores entre las que primaban las digitalis, todos con sus cercas de madera cuidadosamente pintadas y las casas -casi todas de madera- con aspecto de ser prefabricadas. Podríamos haber estado en alguno de los fiordos de Noruega, en Ushuaia, en Islandia o en Punta Arenas: todo con un estilo “nórdico” o, más adecuadamente, “sureño”. Para guarecernos de la lluvia que nos iba empapando de los pies para arriba y viceversa, decidimos hacer una visita “bajo techo”, recorrer antes las catedrales anglicana y católica y luego el museo histórico recientemente trasladado a su nueva, atractiva sede.

Museo

Uno de las representaciones que se encuentran en el Museo

En él encontramos una  serie de elementos de gran interés en lo que hace a las exploraciones antárticas. Quizás lo más llamativo fuera la primitiva cabaña de madera utilizada por exploradores antárticos como el recordado Shackleton. Las islas se auto-presentan como el “campo base” para las exploraciones antárticas. No podíamos pasar las pocas horas a nuestra disposición encerrados en el pequeño museo, por lo cual desafiamos los elementos cada vez más adversos y caminamos varias cuadras. Al igual que en Ushuaia, las calles perpendiculares al mar van en ascenso hacia la parte alta de la microscópica ciudad. Si bien veníamos muy bien comidos del barco, entre el agua que ya estaba penetrando zapatos y abrigos y el fresquete reinante se nos antojó tomar un café caliente o una cerveza. Los pocos “pubs” que encontramos en nuestro recorrido estaban repletos y no había lugar para sentarse. Otro tanto ocurrió en la única confitería con la que dimos: todos parecían querer protegerse de los elementos y para agravar la situación había anclado un crucero de “exploración” antes que nosotros. En uno de los “pubs” nos dimos cuenta de que no se trataba de un día como cualquier otro para los isleños: esa tarde a las dieciocho habría un importante acto conmemorativo en que el hijo de la “dama de hierro” -Margaret Thatcher- inauguraría un busto de bronce para honrar la memoria de su madre. La encargada de un supermercado que fuimos a visitar nos dio un valioso dato cuando le comentamos que estaba todo lleno.

Las Malvinas tienen una población que se reduce a unos 2.967 habitantes. La mayoría de éstos vive allí, en la única ciudad. Con la llegada de un barco como el Golden Princess y el Infinity de Celebrity Cruises (ambos fondeados en la rada local) el número de visitantes supera holgadamente el de los locales: ¡como para encontrar lugar en un “pub” en un día de lluvia! El supermercado en si también fue muy aleccionador: se aceptan dólares estadounidenses y libras esterlinas, pero hay libras locales que valen exactamente como las inglesas. Asimismo, en las góndolas notablemente bien surtidas, vimos sólo productos importados, en su mayoría de Inglaterra y países anglosajones. En vista de las condiciones climáticas habíamos decidido no tomar ninguna de las excursiones ofrecidas en el barco, pero es interesante reseñar que quienes fueron a visitar las diversas pingüineras regresaron muy satisfechos y empapados al barco.

Las leyes del pérfido Murphy se cumplen también en las Malvinas: la lluvia sólo paró cuando todos estuvimos de regreso a bordo, listos para levar anclas. El tiempo no ayudó ciertamente y nos quedamos con las ganas de conocer mejor estas islas tan alejadas – y a la par tan cercanas. El viejo Murphy se mofó de nosotros: en el puerto nos comentaron que el viernes había sido un día hermoso y soleado y que varios conocidos habían sufrido las primeras quemaduras de sol del verano…

Vea la posición actual del Golden Princess

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Fuente: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa.