Tesoros del Caribe

Infinidad de historias de navegantes atesora el Mar Caribe en sus profundidades, sin embargo esta tomó notoriedad en la prensa mundial, la semana pasada.

Santa María

La Santa María, nave capitana de la flota con que Colón descubrió América en 1492

De la enorme nómina de personajes famosos que ha parido la humanidad, uno es muy recordado y admirado en varias latitudes. Más de 500 años después de su hazaña, sigue dando mucho de que hablar. Es cierto que la fama no le salió barata y que tuvo que pagar un alto costo por ella. Pero vayamos por etapas, o escalas, en términos más marineros.

Este señor, recordado por muchos motivos y razones no ha tenido aún el merecido reconocimiento como uno de los principales benefactores de la industria crucerística. Tratemos de imaginar esta actividad -que hoy atrae a millones de apasionados- y que ha dado lugar a una de las industrias más exitosas de nuestro tiempo, si uno de sus ámbitos favoritos no hubiera existido en las cartas náuticas. Pensar hoy en una industria de cruceros sin la magia del Caribe sería tan disparatado como pensar en un café con leche sin medialunas o un asado sin carne. Obviamente, estamos hablando de un hombre tan italiano como el pesto a la genovesa o las lasañas a la boloñesa, que debió pagar caro -con nada menos que su nombre y apellido- el financiamiento de sus viajes. Y así fue: Cristoforo Colombo tuvo que aceptar que lo rebautizaran, españolizando su nombre de pila que pasó de Cristoforo a Cristóbal y luego modificaran su apellido porque a los reyes de España no les sonaba bien Cristóbal Colombo. Y fue así que Colombo pasó a ser Colón.

Los esfuerzos por españolizarlo no pararon allí, y hasta se intentó hacer creer que el Gran Almirante había visto la luz, mamado su primer sorbo de leche y ensuciado su primer pañal en la península ibérica. Este revisionismo histórico no prosperó y así se admitió a regañadientes que él era un genovés de pura cepa, nacido en Génova, en Liguria. Todo esto es historia vieja que ya no sorprende a nadie.

Lo que sí llama la atención es que de pronto, días atrás, Colombo-Colón volvió a ser noticia 522 años después de su primer desembarco en esta parte del mundo. Que tenía agallas nadie puede ponerlo en duda: baste decir que se atrevió, con una reducida tripulación, a cruzar la Mar Océano en tres carabelas que con sus 36, 21,5 y 20,4 metros de eslora no eran mucho más grandes que los tenders de los mega barcos de crucero que hoy surcan los mares. Los diarios impresos y on-line del mundo publicaron una noticia emitida desde Puerto Príncipe, en la costa de Haiti. Un equipo de buzos encabezados por el arqueólogo submarino estadounidense Barry Clifford, quién afirma haber encontrado lo que a todas luces serían los restos de la Santa María, que se fue a pique tras un encontronazo con una formación coralina. Según las notas del propio Colón, tras estrellarse contra la masa de coral, la Santa María estuvo a la deriva, tuvo que ser abandonada y finalmente acabó hundiéndose. Las notas de Colón permitieron a los arqueólogos submarinos ubicar el sector de mar al norte de Haiti donde presumiblemente deberían hallarse los restos de la pequeña nave. El hallazgo en cercanías de los restos de la carabela de un antiguo cañón de bronce del siglo XV y piedras de lastre como las que se encuentran en Portugal y en España, dan credibilidad a las afirmaciones de Clifford y sus colaboradores.

Cañon en el lecho marino

El cañón encontrado en el lecho marino

Es interesante que -muchos años después de la epopeya de Colón y sus marinos- Italia decidió honrar su memoria con la construcción -en los Astilleros Ansaldo de Génova- de la motonave de pasajeros Cristoforo Colombo destinada a la ruta Génova-Nueva York a partir de 1954. El lujoso barco, uno de los mayores de la época, tenía 216,6 metros de eslora, podía acomodar a 1.055 pasajeros en tres clases con sus 29.191 toneladas. Tras años de reconocido servicio, el Cristoforo Colombo terminó su carrera en un astillero asiático, donde fue desguazado para recuperar los materiales reciclables más valiosos.

A su vez, y por una de esas ironías del destino, hasta el día de hoy dos ciudades en dos continentes se disputan el honor de conservar los restos mortales del Gran Almirante. Para unos, él reposa en la Catedral de Santo Domingo, mientras que para otros descansa en España, en la de Sevilla. Probablemente la controversia bajaría muchos decibeles si se decidiera amistosamente que los restos en Santo Domingo son los de Cristóbal Colón y que los que se encuentran en Sevilla son los de Cristoforo Colombo.

La noticia en medios españoles

Fuentes: Télam / AP / New York Daily News / Euronews / Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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