Todo el día en Ilha Grande

El MSC Poesia realizó una escala de 8 horas en Ilha Grande que nos permitió realizar una excursión y disfrutar de sus playas.

El MSC Poesia fondeado frente a Ilha Grande

El MSC Poesia fondeado frente a Ilha Grande fotografiado desde la Praia Preta

Luego de una noche con fiesta de blanco y dancing hasta altas horas en la cubierta, el MSC Poesia llegó puntualmente a las 08:00 hs. al archipiélago de islas en derredor a Angra dos Reis.

El día era soleado y caluroso, y como un imán en Ilha Grande, donde se espera poder hacer trekking, playa y snorkeling, la gente de agolpó primero para desayunar y luego para descender hasta la cubierta 4 que es el sitio desde donde salen los “tenders” a tierra.

Las excursiones

Las opciones que brindaba la oficina de excursiones eran:

  • Viaje en goleta hacia el Lago Azul (5 horas) US$ 69,90
  • Saco do Ceú en goleta (4 horas) US$ 59,90
  • Viaje en goleta a Lopes Mendes (5 horas) US$ 59,90
  • Viaje en goleta a la Laguna Verde (6 horas) US$ 69,90
  • Cascadas de Feiticeira (5 horas) US$ 45,90
  • Caminando a través de la historia (2:30 horas) US$ 39,90

“Ilha Grande” es una isla ubicada a pocas millas de la costa del estado de Río de Janeiro y forma parte de la municipalidad de Angra dos Reis. La misma tiene muchas partes inexploradas y es apreciada por sus bellos paisajes, los que incluyen playas tropicales, vegetación abundante y un entorno salvaje. Ilha Grande es una de las forestas lluviosas más prístinas que quedan en el Atlántico brasileño, uno de los más ricos ecosistemas del mundo, un lugar importante de biodiversidad y conservación, logrando preservar numerosas especies que en otros sitios están en vías de extinción. Los mares que rodean la isla también son protegidos y tienen características especiales, como por ejemplo ser el único sitio donde se presentan corales, peces tropicales, pingüinos magallánicos y ballenas.

Visitamos la Villa do Abraâo, junto al muelle donde desembarcamos, con su iglesia de San Sebastián. Seguimos rumbo al Norte y entramos en el “Parque Estadual da Ilha Grande”, donde un circuíto de aproximadamente 2 Km. con dificultad media lo puede entretener durante unos 75 minutos.

Este parque fue creado en 1971 sobre una superficie de 12.052 hectáreas, su perímetro es de 155 Km y su altitud va de 0 a 1.031 m.

El primer Mirador del Pescador no es gran cosa, solo una bonita vista si el día acompaña. Nuestra primer escala fue la Praia Preta o playa negra, que debe su nombre a su arena rica en cuarzo. Allí y a la vista del MSC Poesia tomamos un refrescante baño de mar.

Seguimos por el sendero norte de este parque y llegamos a las ruinas del antiguo “Lazzaretto” una construcción que primero fue una “fazenda”, luego un hospedaje de inmigrantes con pabellones de laboratorio, farmacia y enfermería, atendiendo pasajeros que llegaban con enfermedades contagiosas en barcos. Y finalmente se transformó en una prisión, la que fue desactivada hace más de 50 años.

El sendero dentro de la “Mata Atlântica” una selva tupida de características especiales cuyo bioma en portugues responde a ese nombre, nos llevó hasta el viejo acueducto construido en 1853.

Desde allí el camino se bifurca y uno puede entrar a la Cascada do Pocâo, donde una pequeña cascada alimenta de agua cristalina a una piscina natural o tomar el otro camino hacia las Cascadas de la Feiticeira (de la hechicera). Luego de una breve interconsulta, todo el grupo de prensa mas un cocinero del Art, Food & Wine, que se nos había unido, decidimos tomarlo (con la secreta esperanza de que gracias al hechizo de la cascada regresemos cual Ponce de Leon más jóvenes y bonitos).

Este tramo ya está fuera de los 75 minutos que decía el cartel del Parque Estadual. Así tomamos un zigzagueante camino que nos internó en la más espesa selva. Según el manual de la agencia de viajes interna del MSC Poesia esta excursión está solo reservada a quienes poseen un excelente estado físico, ya que demanda subir y bajar un par de morros realmente duros.

Lo que el físico no puede, la tozudez si y todos continuamos a paso lento pero sin pausa. Después de todo esta escala era de 9 horas y recién eran las 09:30 hs de la mañana.

El paisaje es tupido y en algunos claros puede verse el cerro, la playa y el mar. Y si bien al principio uno solo escucha a los habitantes de la selva, cuando éstos se van acostumbrando a verlo merodear por su casa, van apareciendo. De esta forma vimos pequeños monos, saltando de árbol en árbol, pájaros multicolores, mariposas y hasta una pequeña serpiente que cruzó nuestro camino sin prestarnos mucha atención.

Finalmente y luego de casi 1:30 hs. de recorrido selvático llegamos a la Cachoeira da Feiticeira, una caída de agua de más de 30 metros que llenaba un espejo de agua en el que nos metimos rápidamente para relajarnos de semejante caminata.

El agua es fría, pero unos minutos después de haber entrado uno se va acostumbrando a ella. El chorro que cae pega como una ducha fuerte, masajeándonos y premiándonos por el esfuerzo realizado.

Una vez repuestos decidimos volver, por el mismo único camino y si bien hay una bifurcación hasta la playa de la Feiticeira, donde un podría volver en un “taxi acuático” por no tan módicos 15 reales por persona (unos US$ 7,50) decidimos demostrar que nuestro estado físico era bueno, volviendo a repetir la hazaña de escalar el morro.

1 hora después, con la lengua por el piso, llegamos nuevamente a la Praia Preta, donde nos desplomamos y tiramos al mar en búsqueda de bajar nuestras temperaturas, curar nuestras heridas y dejarnos acariciar por su calidez. Nos sentíamos satisfechos, ebrios de gozo, ya que habíamos hecho por nuestra cuenta una excursión que salía US$ 45,90 solo, con intuición, astucia y la ayuda de cartelitos y cintas que van marcando el recorrido. Además de haber demostrado estar en estado físico para hacerlo. ¡ Toda una proeza !.

A las 16 horas salimos de la “Praia Preta” y regresamos a la villa. Recorrimos sus calles, compramos a US$ 7,50 Havaianas en el súper del pueblo (regaladas) y nos sentamos a tomar una cerveza mientras esperábamos que la cola de los “tender”, que iba desde el muelle hasta la calle, se redujera, cosa que a la hora y cuarto ya presentaba un tamaño lógico.

Subimos al bote y regresamos a “casa”, el MSC Poesia. Ahora nos esperan dos días de navegación antes de regresar a La Reina del Plata.

Si quiere más info de Ilha Grande visite: www.ilhagrande.org

Fuente: Noticias de Cruceros

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