Partimos en el “MSC Poesia”

Un nuevo “on board” nos llevará a la costa uruguaya y brasileña, ya comenzado el otoño austral.

Cubierta mojada

La cubierta de botes brinda un relativo abrigo a quienes queremos despedir Buenos Aires al aire libre.

Es abril en Buenos Aires y el otoño hace sentir los primeros chubascos, las primeras sudestadas, que enlutan el día y enfrían las noches.

Una fina llovizna escolta nuestro arribo a la terminal Quinquela Martín, donde se agolpan los casi tres mil huéspedes que abordaremos el MSC Poesia.

El humor es variable, están quienes despotrican por el tiempo, pero a la vez demuestran su íntima satisfacción de abandonar estas pampas para darse un regalo para el alma, navegando unos días por la costa brasileña, y están quienes miran con ojos de niño el gigantesco mural de Benito Quinquela Martín que está en la pared este de la terminal, como queriéndose devorar cada instante de esta nueva aventura que significa subirse por primera vez a un crucero.

Los números cantan y la hora de subir al check in y migraciones llega.

Una vez arriba nos asomamos al VIP y vemos, en la pared contigua al ascensor una remera firmada por el mismo Diego Maradona, que nos reafirma el carácter argentino de la terminal portuaria.

Tarjeta de embarque mediante accedemos sin demoras a migraciones y una vez aquí vemos parte de esas cosas que los mismos argentinos no miran a la hora de despotricar contra su gobierno, el nuevo sistema de documentación y escaneo implementado por la oficina migratoria es un éxito, funciona rápido y bien.

Sin embargo lo que el hombre no puede cambiar es el tiempo, y antes de abordar los microómnibus que nos llevarán hasta la escalerilla misma del MSC Poesia, un feroz aguacero nos recuerda que es otoño y que ya termina la época de salir de vacaciones.

A pesar de ello avanzamos entre contenedores y grúas puente, allí en la dársena “Bravo” aguarda la nave.

Subimos corriendo, tratando de evitar el bautismo inevitable del agua que cae torrencialmente. Y una vez a bordo la cálida bienvenida de una “hostess” que nos indica el rumbo a nuestra suite. Ya estamos en “casa”, bienvenidos a bordo.

El día siguió feo, pero la alegría (que no solo es brasileña) se fue adueñando de todos los que recorríamos los casi trecientos metros de longitud en pos de conocer al gigante que nos albergará durante 9 días. Buena comida, buena bebida, la infaltable charla introductoria que colmó el teatro de la nave y que condujo entre consejos y risas el infalible Sebastián Bon (a la sazón “Cruise Director Assistant” este año en el Poesia). Y finalmente el “drill”, el simulacro que nos recuerda que esto no es un resort, sino un barco. Y como tal debe enseñarnos cual es el camino a nuestro bote salvavidas, para que en el caso de una eventual evacuación ya sepamos qué hay qué hacer.

En 15 minutos y ordenadamente, los tripulantes tomaron “lista” , nos enseñaron a calzarnos el chaleco salvavidas y nos agradecieron la presencia.

Ya éramos libres nuevamente.

Puntualmente a las 19 hs. el práctico Martín Iglesias ponía “avante despacio”, una vez que los amarradores soltaron los cabos que unían al MSC Poesia con el muelle.

A proa y a popa observan la maniobra los remolcadores Yagán y Lucio, sin tocarnos, pero atentos a cualquier necesidad del capitán.

Los 7,92 m. de calado (profundidad) de nuestra proa no dan margen para errores y el gigante en una virada prolija y suave asomó su magnificente estructura al antepuerto local. Es noche cerrada, la llovizna impide ver la salida desde las cubiertas superiores, sin embargo al abrigo de la cubierta de botes, varios valientes nos asomamos para dar un último adiós a la reina del plata.

El MSC Poesia toca tres veces su sirena y el pequeño guardacostas Río Deseado le responde.

Partimos.

Fuente: Noticias de Cruceros

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