Ultima escala y final del “on board”

Punta del Este, la última escala del “team” de Noticias de Cruceros en el Costa Favolosa. Sin duda un gran final para un gran crucero.

Lobos marinos en Punta del Este

Los amistosos lobos marinos en el puerto de Punta del Este

El día completo de navegación estaba por terminar y nos dimos cuenta al pasar por la Isla Lobos y la playa brava de Punta del Este. Doblamos la punta que, de acuerdo con el dictamen de los geógrafos, marca el punto donde las aguas rojizas del Río de la Plata se mezclan con las azules del Océano Atlántico. A partir de allí el mar se irá gradualmente convirtiendo en río y volviéndose cada vez más color café con leche. Pero antes de que eso se hiciera visible, el Costa Favolosa soltó anclas frente a la Isla Gorriti, siempre cubierta por su muy espeso manto de pinos, frente mismo a la playa mansa. Lejos, a la izquierda, envuelto en la bruma, era posible distinguir la conocida, redondeada silueta del Pan de Azúcar.

Homónimos…

Por primera vez caímos en la cuenta de que hay dos Panes de Azúcar a lo largo de este crucero: la única diferencia es que el uruguayo es “de azúcar” y su primo carioca es “de açucar”. Pero esta coincidencia de nombre, a tanta distancia y en países diferentes, no crea confusión alguna. Sí la crea algo que vimos ya en tierra firme, cerca de la península de Punta del Este. Tras bajar del barco en los tender del Costa Favolosa y en otros que enviaron las autoridades de Punta del Este fuimos a recorrer la punta misma, para ver el punto preciso en que el río se hace mar y el mar río y luego fuimos a pasear hacia la tradicional Avenida Gorlero. Nuestra sorpresa fue grande cuando de pronto en una esquina, vimos el nombre de las dos calles que se cruzan allí: la Avenida Gorlero con la calle… ¡Gorlero! Sacamos una foto de la esquina de Gorlero y Gorlero, ¡y pensamos que esa coincidencia era realmente mucho mayor que la de Azúcar y Açucar! Caminamos un rato por la avenida prácticamente desierta si se la compara con el hormiguero en que se transforma en plena temporada hasta que recalamos en una pequeña confitería donde cumplimos con un viejo ritual: tomar un “cortado en vaso”, endulzarlo con el tradicional azúcar en cubitos marca Rausa y acompañarlo con un delicioso “postre chajá” la especialidad sanducera, es decir de Paysandú. Siempre nos resultaron llamativos dos gentilicios uruguayos. Uno, el de Paysandú, pero más aún el de los habitantes y nativos del pueblo de San José de Mayo, situado detrás de Montevideo, a quienes los uruguayos les dicen “maragatos”.  Pero estar unas pocas horas en “Punta” nos trajo otras sensaciones muy especiales. Cuando pagamos nuestra consumición al mozo y le agradecimos por el buen servicio, el buen hombre no respondió “de nada” o “faltaría más” a nuestro “gracias”.  Como buen oriental nos dijo “¡merecen!”  Y cuando nos levantamos para irnos a pasear por Gorlero (la avenida, no la calle que la corta) no nos dijo “adiós” ni “hasta pronto”. Como era esperable, su despedida fue el consabido “¡Que pasen bien!” Estábamos en eso cuando vimos lo rápido que había pasado el tiempo. Mientras esperábamos la llegada de nuestro tender en el muelle, inesperadamente se nos ofreció un espectáculo muy impactante. Unos pescadores estaban allí cerca limpiando pescados fresquísimos y tirando sus entrañas al mar. Cada vez que algún resto de pescado tocaba el agua, como por arte de magia emergían varios enormes lobos marinos para aprovechar el sorpresivo banquete, todos sobrevolados de gaviotas muy blancas que a veces lograban disputarles alguna pieza sabrosa…

Dos personajes fundamentales

Faltaba mucho para que el barco zarpara, pero teníamos una cita que no queríamos perder. Dos importantísimas personas nos esperaban en poco más de media hora para conversar: nada más ni nada menos que Felice Capurso y Ciro Montella, respectivamente  Executive Chef y Restaurant Manager y Primer Maitre del Costa Favolosa. Capurso se desempeña como jefe de todos los muchos chefs que trabajan en el barco y Montella es quien dirige a todos los Maitres del Costa Favolosa.  Tras haber navegado varios días en el barco, y haber gozado de excelente comida y servicio, teníamos una gran curiosidad por conocer a los máximos responsables de una y de otro. Antes de ir a conversar con ellos tuvimos la oportunidad de conocer las gigantescas y luminosas cocinas del Costa Favolosa que nos impactaron por su orden, limpieza, equipamiento tecnológico y la cantidad de acero inoxidable que tapiza mesadas y paredes para garantizar la mayor asepsia. Capurso y Montella nos recibieron, muy oportunamente, en el Restaurante Duca di Borgogna, algo menor que el Duca d’Orleans donde teníamos nuestra mesa. Como primera medida nos hicieron traer un excelente cappuccino que fue el broche de oro que le faltaba a los “florentinos” que el titular de pastelería -Pasquale Sorrentino- nos había dado a probar momentos antes en la zona de la repostería de la cocina.  Felice Capurso, quien tiene en su haber 29 años de trabajo en Costa, nació en la ciudad de Molfetta, en la provincia de Bari, en Puglia (Apulia). Es un hombre macizo de unos 55 años, que lleva orgullosamente anudado al cuello y prendido con un cilindro de plata el ambicionado “cordon bleu” que sólo tienen los más experimentados chefs. Siempre en Puglia, en la ciudad de Bisceglie, Capurso había sido chef de un renombrado restaurante típico, “La Sirenella” (La Sirenita). Resumió lo imprescindible para desarrollarse y crecer como chef con dos palabras que no esperábamos: “amore e passione” (Amor y pasión). Se trata de  amor y pasión por lo que se hace, por cómo se lo hace y por quienes son sus destinatarios. Le preguntamos si él sigue cocinando a bordo y nos respondió que “ni”. En realidad, sólo debería supervisar, enseñar, capacitar y aconsejar. Pero cuando va a la cocina y ve que “los muchachos” tienen mucho trabajo, se pone a la par de ellos y les da una mano. A su vez, Montella, nacido en la ciudad de Torre del Greco (provincia de Napoli) famosa por sus delicados trabajos de artesanía en coral, nos explicó que su misión es la de controlar que en todo momento el servicio tenga la calidad, eficiencia y amabilidad que los huéspedes merecen, y que se reduzcan a un mínimo los tiempos muertos. Esto es muy importante principalmente en el primer turno de la cena que comienza a las 19:30, ya que luego hay que dejar todo listo para el segundo, de las 22:00 hs.  Nos comentó que hay veces que detecta que alguno de los mozos o mozas ha cometido algún error. En esos casos, no toma medidas disciplinarias sino que se pone en papel de docente y explica y capacita para que en el futuro no haya más inconvenientes.

La última pregunta la dirigimos a Capurso, ya que nos interesaba saber si entre sus responsabilidades estaba la de definir los menúes de cada día. Nos explicó que en principio los menúes se deciden en Italia, de donde emanan también todas las directivas a las que es necesario atenerse. Aún así, él tiene la autorización de aportar algunos cambios, que por lo general se limitan a “ampliar” el menú cuando tras alguna escala se consigue algún producto típico local que permita ofrecer una nueva experiencia culinaria a los huéspedes.

Partida y llegada

Hacia el final de la tarde un toque de sirena, el Costa Favolosa levó anclas y puso proa al Río de la Plata dejando atrás la Isla Gorriti y la playa mansa.

Playa Mansa Punta del Este

La Playa Mansa en Punta del Este vista desde el Costa Favolosa

Después de la cena, que fue ligeramente más silenciosa que otras, fuimos a escuchar un poco de la música interpretada por Giorgio, cantante y pianista excelente, que estaba ofreciendo en el Atrio dei Diamanti una selección de recordadas canciones italianas, muchas de ellas ganadoras del Festival de San Remo. Obviamente, no faltó “Nel blu dipinto di Blu” de Modugno ni “Tu vuoi far l’americano” del otrora inimitable Renato Carosone. Ya de regreso en nuestra cabina terminamos de hacer las valijas y controlamos cuidadosamente de dejar afuera toda la ropa necesaria para no tener que desembarcar envueltos en un toallón. Colocamos las valijas cerradas fuera de la puerta y nos dispusimos a ir a dormir. Antes de hacerlo nos asomamos al balcón…  Ya no había olor a mar: el río tiene un olor especial, arcilloso, diferente. A lo lejos una línea de gran claridad sobre el horizonte: eran las luces de Montevideo. Recorreríamos el curso que solíamos hacer tantos años atrás en los viejos y señoriales paquebotes del “vapor de la carrera” que unía noche tras noche las dos orillas y las dos capitales del Plata, guiados por las boyas que marcan los límites del canal dragado. Nos dormimos pensando en eso y cuando nos despertamos para desayunar, percibimos a lo lejos todavía las torres de Puerto Madero. Estábamos regresando a casa, pero para hacerlo deberíamos antes desembarcar y despedirnos del Costa Favolosa que por espacio de ocho noches se había convertido en nuestro cálido hogar flotante.

Fuente: Noticias de Cruceros

Comentarios

comentarios

Powered by Facebook Comments

banner-costa-pie_noviembre-2016

Super_Tarifa_MSC2

García Fernández Turismo

Alamo Rent a Car

Daily_Travelling_News

Minerbi & Silveira Comunicación Corporativa

Cruise Crew Only

Artefisico

Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *