Dos días a todo mar

Ya navegando al sur nuevamente, el Costa Favolosa, brinda nuevas actividades a nuestro equipo.

Costa Favolosa en mar abierto

El Costa Favolosa en mar abierto

Después de dejar atrás Angra dos Reis -Ensenada de los Reyes- en horas de la tarde, el Costa Favolosa navegaría toda esa noche y todo el día siguiente prácticamente sin avistar la costa brasileña y luego la uruguaya pasando la Barra del Chuy (o Chui en portugués). Esos días de navegación tienen un sabor muy especial y permiten gozar plenamente de todo lo que ofrece el barco y también sintonizarse con el mar y gozar de su inmensidad, misterio, presencia y magia. En nuestro caso, además de disfrutar de la variada oferta del barco aceptamos el desafío de una simpática pareja carioca que nos jugó una vuelta de excelentes “cappuccini” al buraco.  Ganaron ellos, pero pagamos con gusto nuestra deuda, porque los cappuccini del Chocolate Bar son realmente inimitables.

Un personaje clave

Alessandro Marossa

Alessandro Marossa

Sin embargo, ese día de mar y más mar nos dejó tiempo para una charla más que interesante con uno de los más importantes oficiales del barco, el “Hotel Director” o Director de Hotelería. El Sr. Alessandro Marossa tiene una larga trayectoria en el mar ya que comenzó desde muy joven en un barco de otra empresa naviera, hace ya 32 años. En 1992 ingresó a Costa para desempeñarse en el Costa Allegra y desde entonces trabaja para la empresa. Nacido en Monfalcone, Italia, es hijo de un italiano y una australiana. Nos explicó que su función es múltiple y que incluye todo lo que es necesario para el funcionamiento armónico de ese gran hotel que transporta la nave. Está a cargo del personal, del entretenimiento a bordo, de las compras de alimentos y bebidas, del equipamiento, de los costos, de la logística y de varios aspectos más. Nos comentó que el lapso de tiempo que transcurre a bordo va desde los 4 a los 6 meses por vez. Luego, según hayan sido 4 o 6, permanece en tierra por 2 o 3 meses y cada 3 años es reasignado a un barco diferente. Nos pareció relevante preguntarle cuál es el desafío más importante que le plantea su función y la respuesta no tardó en llegar: se trata de lograr que los huéspedes gocen a pleno de las vacaciones que han contratado. De alguna manera, eso requiere que los cruceristas dejen atrás las problemáticas que cada quien trae de la “vida real” y que mientras dure el crucero consiga olvidarlas y relajarse. Considerando que a bordo viajan unos 3700 cruceristas y más de 1.000 tripulantes no es un desafío fácil. La mayor recompensa para él es cuando -antes de desembarcar- se le acerca un huésped para agradecerle por el tiempo grato que ha pasado a bordo.

Comunicación e idiomas

Parte del éxito de su función depende de la tripulación, y de cómo ésta logra comunicarse con los huéspedes. El conocimiento de idiomas cobra especial relevancia considerando que en los barcos de Costa no es infrecuente que viajen personas de hasta 37 diferentes nacionalidades, y que los idiomas “oficiales” del Costa Favolosa son el italiano y el inglés. Es por eso que a bordo se dictan permanentemente clases de idiomas para los tripulantes y que muchos de ellos tengan un buen manejo de dos o tres idiomas además del propio. Obviamente, se da preferencia al castellano y al portugués y quienes tienen un trato frecuente y directo con los huéspedes no hablan menos de cuatro o cinco idiomas. Cuando el barco deja las costas sudamericanas para volver a Europa, el personal básicamente no cambia y a lo sumo se embarcan algunos “refuerzos” que dominen algunos de los idiomas de las escalas a realizar. Nos imaginamos que una persona con una función tan fundamental y compleja debe tener alguna interesante anécdota que compartir… y no nos equivocamos. La respuesta de Alessandro Marossa nos causó mucha gracia…

El relax puede producir amnesia

En todos los cruceros, los pasajeros desembarcan en la escala final y se les instruye para que la noche previa a la llegada hagan sus valijas y las depositen en la puerta de sus cabinas antes de la una de la madrugada, para dar suficiente tiempo a los tripulantes de llevarlas a las cubiertas inferiores de donde serán desembarcadas por la mañana. El relax que el crucero logra producir en los huéspedes a veces es tan intenso que les hace cometer pequeños errores. Es común que por la mañana, algunos cruceristas –hombres en su mayoría, pero también mujeres, descubran con espanto que la valija -que ya ha sido retirada- contiene toda su ropa y que sintiéndose en su propia casa y a sus anchas, han olvidado de dejar lista la ropa que deberían ponerse para salir a desayunar y desembarcar. Así, muchos se encuentran en piyamas o paños menores y deben descender piadosamente envueltos en grandes toallones hasta reunirse con sus equipajes en la terminal, donde finalmente podrán vestirse como Dios y las buenas costumbres mandan… No pudimos evitar de reir de la situación, pero nos despedimos del Director de Hotelería y volamos hacia la cabina para dejar ya apartada la ropa que vestiríamos a nuestra llegada a Buenos Aires. Eso de llegar a la Reina del Plata en ropa interior nos había puesto los pelos de punta…

Fuente: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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