Dos nombres que “calzan”

Continúa el periplo del Costa Favolosa y ahora es tiempo de bajar en Ilhabela.

Ilhabela

El Costa Favolosa anclado frente a Ilhabela

Probablemente uno revele su edad cuando demuestra conocer cosas que hoy, por decirlo de alguna manera, han desaparecido del mapa de lo cotidiano.  Una de ellas son las viejas, bufantes y humeantes, negrísimas locomotoras a vapor que años atrás eran una visión normal en estas pampas. La locomotora tenía dos partes: la máquina propiamente dicha y un remolque, tan negro como ésta, que todos llamábamos de acuerdo con su nombre inglés, “tender”.  En este remolque la locomotora tenía un depósito de carbón para alimentar la caldera que produciría el vapor necesario para mover el tren. Es decir que el tender, con acento en la primera “e” -ténder- era una especie de asistente de la locomotora y de los maquinistas y el fogonero. Por eso nos llamó la atención cuando la Directora de Crucero, Simona di Pietro informó a los huéspedes que al llegar a Ilhabela, todos bajaríamos mediante los “tenders”. Nos pareció muy extraño que para desembarcar hubiera que utilizar el remolque de una antigua locomotora, y averiguamos que un “tender” no tenía nada que ver con el otro, excepto el nombre. En un barco de crucero, el tender se refiere a las lanchas de salvamento que en puertos donde la falta de calado suficiente o el muelle es pequeño e impide atracar a la nave, se hace necesario que el barco fondee a cierta distancia y se descienda mediante estos botes. Así, la distancia que se crea entre el barco y la costa se cubre por una serie de viajes de estas muy tecnológicas lanchas que hacen las veces de una balsa o de un ferry-boat. Embarcamos en el tender que se nos asignó con un centenar de otros cruceristas y fue la primera vez que tomamos conciencia del enorme tamaño del Costa Favolosa que se erguía al lado de estas pequeñas lanchas cual una impactante montaña, por no decir cordillera. Fue una experiencia excitante llegar a tierra de este modo: el mar lo teníamos “ahí nomás” en lugar de verlo desde la altura de las cubiertas superiores. Fue así que llegamos a Ilhabela, cuyo nombre también “le va” como el de “tender” a las lanchas que prestan servicio desde el barco hasta la costa y viceversa… En efecto, Ilhabela describe precisamente lo que Ilhabela es: una isla bella, hermosa.

Muchos de los cruceristas prefirieron contratar uno de los tours ofrecidos por los especialistas del Costa Favolosa, recorriendo playas de hermosa arena, otras muy rocosas, una frondosa vegetación y una serie de caídas de agua. La historia de la isla pasó por diferentes momentos, muy diferentes uno del otro. Los habitantes originarios, los Tupinambá, solían llamar la isla en su idioma “ciribaí” que en castellano sería algo así como “sitio tranquilo”.  La tranquilidad se perdíó de golpe cuando sucesivas incursiones de piratas y bucaneros la convirtieron en el refugio o guarida de estos agresivos navegantes.  Antes de eso, en uno de sus muchos viajes al nuevo mundo -que tomaría su nombre, quizás en desmedro de Colón (Colombo)- el navegante italiano Amerigo Vespucci tomó posesión de la isla y de la franja de tierra firme a la que la une un servicio de balsa -Sao Sebastiao- y las donó a los reyes de Portugal. Sea como fuere, la isla, ya sin bucaneros, recobró su tranquilidad y sosiego, y hoy es un pequeño paraíso ideal para unas vacaciones de intenso sol y hermosas playas. Muy afectos a caminar, recorrimos el pequeño centro urbanizado de Ilhabela, con sus comercios típicos y multicolores, sus encantadores barcitos y restaurantes, con hermosas mansiones, con las serranías que por momentos llegan hasta el mar, semiocultas por un verde manto de vegetación tropical y con una cantidad de amantes del sol, en su mayoría brasileños, gozando del mar y de la playa. No quisimos alejarnos demasiado del pequeño puerto, ya que se estaba preparando un gran desfile de Carnaval y nos advirtieron que todo cerraría pasado el mediodía y que las callecitas del centro se volverían intransitables por la preparación de los festejos.

Dejamos atrás Ilhabela a media tarde, prometiéndonos que muy pronto volveríamos para conocerla más a fondo y aprovechar la paz y el relax que ofrece.

Fuente: Noticias de Cruceros

Comentarios

comentarios

Powered by Facebook Comments

banner-costa-pie_noviembre-2016

Super_Tarifa_MSC2

García Fernández Turismo

Alamo Rent a Car

Daily_Travelling_News

Minerbi & Silveira Comunicación Corporativa

Cruise Crew Only

Artefisico

Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *