Un “espejo virtual”

Dos días de navegación pura realizó el Costa Favolosa y así lo vivieron los enviados de Noticias de Cruceros

Costa Favolosa pasa frente a PDE

El Costa Favolosa pasa frente a Punta del Este

Nos despertamos naturalmente, con las primeras luces del día que se filtraron por la gran ventana asomada a nuestro balcón privado. Sería nuestro primer desayuno a bordo y no teníamos intención de perderlo. Gracias a “TODAY” -el programa del día que reciben todos los huéspedes en su idioma preferido- nos enteramos de que habría un cambio de itinerario. Nuestra primera escala, programada para Angra dos Reis, había sido cambiada por la de Ilhabela. Eso nos traería cero problemas, ya que Angra pasaría a ser la escala que seguiría a Rio de Janeiro y sencillamente una tomaría el lugar de la otra. Serían aproximadamente las 11:00 de la mañana cuando, recorriendo una de las cubiertas superiores percibimos a la izquierda del barco, o sea a babor, una escena conocida pero vista mediante un espejo “virtual”. Conocíamos y reconocíamos lo que estaba pasando ante nuestros ojos, pero siempre lo habíamos visto “al revés”. Estábamos navegando frente -¿o detrás de?- la Isla Lobos y, más allá, una interminable línea amarilla otra cosa no era sino la “brava” de Punta del Este. A la izquierda se divisaban los edificios más altos del centro y, a la derecha, la edificación de La Barra. Ese día y el siguiente serían de navegación y recién el cuarto estaríamos llegando a Ilhabela.

La nueva casa, el ritmo, los compañeros de viaje

Nos dispusimos a terminar de conocer todo el barco y a disfrutar cada minuto del crucero.  Quedamos apabullados por todo lo que había que ver, conocer, hacer y experimentar: nos dimos cuenta de que se nos plantearía, en todo momento, una gran disyuntiva. El problema no sería qué hacer, sino decidir qué dejaríamos de hacer. Lo primero que nos cautivó fue mirar el mar, ver cómo la proa abría las aguas y como éstas parecían hervir a popa en la doble estela que dejaban atrás las dos poderosas hélices. La vista del mar nos fue embrujando y fue entonces que nos vino a la mente el dicho de un antiguo pensador romano quien -tantísimos siglos antes de nosotros- quizás surcando el Mediterráneo en un trirreme, había experimentado ese mismo embrujo. No recordamos su nombre pero sí su dicho: “Navigare necesse est, vivere non est necesse”. Dicho en castellano: “Navegar es necesario, vivir no es necesario”. ¡Qué sabios eran los antiguos! De alguna manera, la afirmación apuntaba a que vivir sin navegar no es vida digna de ser vivida. El mar, jamás quieto, interminable hasta el horizonte, nos llenó los pulmones de aire puro, los ojos de belleza, el espíritu de paz y le dio un renovado sentido a la existencia. Ese estado mágico duró poco: pudo más nuestro deseo de ir conociendo un poco mejor a nuestros compañeros de viaje. La gran mayoría componía un Mercosur flotante: un casi empate de argentinos y brasileños, un sólido tercer lugar ocupado por uruguayos seguidos de algunos paraguayos más un “mix” de chilenos, bolivianos, uno que otro peruano y aquí y allí pequeños grupos de italianos y de otros europeos. En el Costa Favolosa lo que más se escucha es castellano y portugués, una generosa dosis de portuñol, una discreta cantidad de italiano y el resto, todo inglés. La oficialidad del barco, comandada por el experimentado Capitán Massimo Pennisi, es italiana prácticamente en su totalidad, excepto un oficial nacido en Austria. El resto de la tripulación que nos atiende con espontánea simpatía y marcado profesionalismo, incluye a algunos italianos, una gran mayoría de filipinos, seguida de varios argentinos, brasileños y otros, provenientes de la India. La vida a bordo se desarrolla con poca dependencia del reloj y fluye casi sin solución de continuidad. Tres momentos -gastronómicamente hablando- marcan el ritmo diario: desayuno, almuerzo y cena, y especialmente la cena, ya que al subir al barco le informan a uno si le ha tocado el primer turno, a las 19:30 hs. o bien el segundo a las 22:00 hs.  Nos tocó el segundo turno en el restaurante Duca d’Orleans, un refinado restaurante que se desarrolla en dos niveles que, si se tratara de un teatro, definiríamos como “platea” y “palcos”. La calidad y la variedad de los platos de cocina básicamente italiana pero también internacional son sorprendentes y están en línea con la tradición de excelencia que desde 1948 ha sido un clásico de Costa. Disfrutamos mucho de este restaurante donde, para el almuerzo, no hay ubicación fija mientras que para la cena nos correspondió la mesa 203, donde nos atendió siempre con gran eficiencia y simpatía un joven filipino de Manila, Santos Boaquina-Boque, que maneja con soltura el inglés, el castellano y el portugués. Para el desayuno, que también se puede consumir en ese mismo restaurante, a veces disfrutamos del Restaurante autoservicio “Ca’ d’Oro”, donde la cantidad y variedad de la oferta es sorprendente. Una de las ventajas es su total informalidad y su cercanía a las piscinas del barco. Reina un ambiente más formal -aun cuando no se trate de una cena de gala- en los dos restaurantes Duca di Borgogna y Duca d’Orleans donde, además de comer, hay un aliciente más: el de ver y ser vistos… Sería imposible detallar las cualidades de todos los bares del barco. Quizás el más exclusivo y notable de todos sea el “Porta d’Oro”, que se autodefine como una “caffetteria” y “cioccolateria” a la vez. Allí los mejores cafés -va sin decirlo- “a la italiana”, se acompañan con los mejores bombones y chocolates en  sabio maridaje. Y ya que de maridaje se trata, conviene no dejar de visitar el Bar Camelot que deja de lado el café para zambullirse en los mejores vinos y bebidas finas. Otro bar, situado en el Atrio dei Diamanti -que se extiende por varias cubiertas y es recorrido por ascensores panorámicos- goza de la preferencia de muchos que disfrutan allí de sus “drinks” favoritos escuchando música en vivo.

El casino de gran tamaño suma sus atractivos a los de un muy bien equipado gimnasio, las piscinas, la sala reservada para juegos de naipes, la biblioteca y tantas otras, que incluyen el mega-teatro Hortensia y el cine en 4D. Pero esta reseña quedaría muy incompleta sin ir antes a visitar el “Centro di Benessere Samsara” (Centro de Bienestar Samsara), completísimo Spa al que un número limitado de cabinas y suites tiene acceso directo y privilegiado. Tan completo es este Spa, que cuenta con una piscina de talasoterapia y su propio restaurante exclusivo que -como los demás del Costa Favolosa– ofrece dos turnos de cena.

Tampoco hay que obviar una procesión de tiendas de muy alta gama donde el “shopping” abarca una amplia selección de joyas, relojes, perfumes, bebidas, chocolates,  ropas y marroquinería de las mejores marcas italianas, europeas e internacionales, donde día tras día se suceden promociones y ofertas a veces realmente irrenunciables. Esta reseña sería incompleta si no se hiciera referencia al “Movie Studio” (Estudio de Cine) y al “Paquete de Bebidas”. El primero ofrece la oportunidad única de aprender los secretos de las buenas tomas y montajes profesionales de la sabia mano del director de televisión de abordo. A su vez, el “Paquete de Bebidas”, sólo accesible a mayores de 18 años, implica el libre acceso a bebidas por una suma diaria de USD 29,50.

A bordo del Costa Favolosa no hay posibilidad de aburrirse: las actividades se van sucediendo a lo largo del día y buena parte de la noche… En los primeros tres días disfrutamos en el Teatro Hortensia de excelentes espectáculos de canto, coreografía y baile: El Castillo Encantado, la Comedia Surreal y Casino (Un espejo de Las Vegas).

Nos acostamos -al término del tercer día del crucero- tras disfrutar de una “Fiesta Viceversa” en celebración del Carnaval, “Carna Favolosa”. El día siguiente tendríamos mucho para disfrutar. Cerca de las 12 el barco anclaría y estaríamos bajando a tierra utilizando las lanchas de salvamento, con todas las ganas de descubrir Ilhabela y recorrerla hasta el anochecer.

Fuente: Noticias de Cruceros

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Guido Minerbi

Periodista políglota especializado en viajes. Profesor Asociado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Director de Minerbi - Silveira Comunicación Corporativa. 

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