Un transatlántico con historia familiar

Otro “Reportero por 1 día” nos anticipa el viaje transatlántico que hará y los conecta con sus antepasados en esta primer entrega.

Reflejo de barcos

La historia de una familia se refleja en un crucero transatlántico

Narrar un viaje de unas vacaciones por varias semanas sería algo interesante, si el viaje es a través de un crucero que recorre varios países, quizás sería maravilloso, y si la travesía uniría 2 los continentes de América y Europa, cruzando mar Atlántico de sur a norte, desde luego maravilloso. Es por ello que como vivencia extraordinaria, quienes escriben esta historia estiman que un viaje en crucero transatlántico merece ilustrarse en 2 partes: un antes y un después…

Corrían los últimos años de la década del 70, cuando Rubén, un joven estudiante universitario, descendiente de italianos conoció a Cristina, también estudiante universitaria, hija de padres polacos, ambos vecinos del mismo barrio de la ciudad de Córdoba, Argentina. En 1980 estas familias de origen europeo terminan de unirse con el casamiento de Cristina y Rubén, alianza esta que florece más tarde con el nacimiento de 3 hijos varones, que colmaron de gratos momentos a todos.

El papá de Cristina era inmigrante polaco, había llegado a la Argentina en la pos guerra como tantos otros a través de un barco a vapor, y muchos años más tarde tuvo la posibilidad de regresar a su país de origen, haciendo el itinerario nuevamente a través del mar, en 1969 partió hacia Europa en el barco ‘Enrico’ y retornó luego en el ‘Eugenio’, ambos navíos de la Línea de Cruceros Costa.

Para Rubén, el que su suegro hubiera tenido la experiencia de viajar en grandes navíos, por varios días, por tantos kilómetros, cruzando el océano, conociendo diferentes puertos y culturas, significaba algo que rozaba lo novelesco e idílico. Algo propio de un sueño, que Rubén conocía solo a través de películas y que fabulaba de niño, cuando su padre lo llevada al centro de la ciudad, y se detenían por minutos en una agencia de viajes tradicional, a observar una curiosa maqueta de aproximadamente 1,5 mts. de largo, que representaba un inmenso barco color blanco con una letra ‘C’ de color azul sobre un fondo amarillo, en sus dos grandes chimeneas, con sus banderines multicolores, botes salvavidas y muñequitos en miniatura que representaban viajeros que se paseaban por sus puentes, conformando un cuadro que lograba fomentar su imaginario, transportándolo a hipotéticas travesías marítimas que quizás el futuro le depararía.

Si bien Cristina y Rubén vivían en una provincia mediterránea, a casi 1.000 km. del mar, todo lo relacionado con los océanos siempre fue cautivante y seductor para ambos, los que tuvieron la oportunidad de apreciar la magnificencia del mar en un par de oportunidades, visitando turísticamente ciudades, playas y puertos muy significativos.

Pero conocer el mar, si bien fue deslumbrante para los dos, experimentar la ‘vida de mar’ a bordo de un barco de gran porte, parecía tener un atractivo especial y oculto para ambos, en gran medida como producto de anécdotas del papá de Cristina sobre sus travesías marítimas, en un barco con características de hotel, con camarotes, piscina, salones de baile, restaurantes, negocios y otras particularidades, desde luego con el mar a modo de fondo de escenografía.

Vivencias que escuchaban referidas a los embarques, los puertos, la magnitud de los barcos, sus comidas, costumbres, juegos, fiestas, orquestas, festejos, concursos, etc. y complementadas con increíbles fotografías, suvenires, postales y folletos, que aún se conservan, fomentaban el interés de este joven matrimonio en que algún día pudieran hacer realidad esa fabulosa experiencia.

La vida de casados de Cristina y Rubén, transcurría como la de muchas familias argentinas, cada uno con sus trabajos y actividades. Cada año, luego de un intenso ritmo de ocupaciones que mantenían, esperaban las vacaciones de verano para gozar de momentos de esparcimiento en familia, generalmente en lugares serranos, con ríos, lagos y montañas, propios de su provincia.

Luego de varias vicisitudes, cuando los niños tenían 5, 7 y 9 años, inesperadamente se presentó la posibilidad extraordinaria de unas vacaciones a bordo de uno de ‘esos’ barcos que tanta fantasía había provocado en todos. Ser protagonistas de la película de sus sueños, estaba al alcance de sus manos.

La propuesta del viaje fue especial, a un precio promocional por grupo familiar de 5 integrantes, con un itinerario de 7 días de travesía marítima, saliendo del puerto de Buenos Aires, llegando al de Río de Janeiro en Brasil, con varias escalas por demás interesantes, y retornaba al de origen. No había mucho que pensar, tenían que aprovechar la oportunidad que  el destino les había deparado.

¡Y la fantasía daba para más…!. La promoción del viaje para el verano de 1995 era a través del aquel barco del que, el papá de Cristina había comentado tan fantásticas experiencias, y coincidentemente el mismo que Rubén rememoraba de niño, a través de la vidriera de aquella agencia de viajes: el Eugenio C, nave por demás emblemática para la flota de la línea Costa Cruceros.

En principio el viaje se planeó a escondidas de los niños, y en la noche de Navidad se difundió la sorpresa, de que las próximas vacaciones en familia serían a bordo de un gran barco, que recorrería varios puertos de la costa atlántica de Sud América. El lógico interés y entusiasmo de los niños por conocer vicisitudes de la vida a bordo, características del barco e itinerario a recorrer, fue quizás mayor al de sus padres. En pocas semanas se ‘devoraron’ planos y folletos provistos por el agente de viajes, lo que motivó que desde el embarque, se constituyeran en avezados conocedores de la estructura del navío y su periplo, como si ya la hubieran abordado con anterioridad.

Eugenio C

El recordado Eugenio “C”

Si bien la familia ya conocía algunos lugares de Brasil, acceder a ellos a través del mar, arribar a sus puertos en un barco, vivir esa novedosa experiencia, fue algo único y desde luego inolvidable para todos. El Eugenio C deslumbró desde el comienzo del itinerario, su magnitud, su imponencia, sus instalaciones, diversiones, la esmerada atención de la tripulación, y muchas otras cosas, a modo de verdadero hotel de lujo flotante, configuraba un escenario sublime para protagonizar aquella soñada película tantas veces imaginada.

Había entretenimientos para adultos y niños a toda hora, las comidas eran variadas y abundantes, la organización perfecta, todo pensado y planificado para que el viajero disfrute de momentos únicos. Como familia, pudieron experimentar todo aquello que le habían contado, como ser la piscina, los jacuzzis, las fiestas, los bailes, el teatro, el casino, los negocios, los concursos, los suvenires, la sirena con la que saludaba las salidas de los puertos y muchas, muchas otras cosas que sorprendían en todo  momento.

Los 7 días que duró el viaje se fueron como agua entre las manos, la experiencia superó ampliamente las expectativas y entusiasmó a todos para planificar futuros viajes en grandes navíos, ya que las ventajas que ofrecía este estilo de vacaciones, eran muchas y por demás satisfactorias.

En años posteriores vinieron otros viajes en crucero por otros puertos del Atlántico Sur, como así también itinerarios por el mar Caribe, generalmente por periodos cortos de 7 a 12 días, algunos en familia, mientras los hijos quisieron acompañar, y los últimos ya como matrimonio, tanto por la línea Costa como así también por Celebrity, Royal Caribbean y Norwegian, en donde el encanto y el confort estuvieron siempre al orden del día, por que así como los lugares a visitar tenían paisajes, idiomas y costumbres peculiares, también cada línea naviera brindó aspectos especiales que las distinguían de las otras, logrando asombrar y complacer al viajero permanentemente.

A casi dos décadas del primer viaje en crucero de Cristina y Rubén, se le  avecinaría un tiempo especial… en un año muy particular para ambos que merece un corolario ideal. Imprevistamente y sin pensarlo como alternativa posible, a mediados del 2013 llega a sus manos una oferta de un viaje transatlántico, que uniría Sud América con Europa en 3 semanas y media. La oportunidad era muy ventajosa, y alentados por sus hijos que conocían y compartían el interés de sus padres por estas travesías, decidieron regalarse este viaje como vacaciones en el 2014, desde luego más extensas que las anteriores y que les permitiría conocer por primera vez Europa.

Como se expresa al inicio, esta historia comprende dos partes, hasta acá fue la primera, y para la segunda será necesario que Cristina y Rubén experimenten esa travesía transatlántica por meses planificada, y que prevé zarpar desde el puerto de Buenos Aires en marzo de 2014. Una vez concluido elperiplo, es intención e los autores compartir sus vicisitudes con todos, especialmente con los amantes de este tipo de experiencias vacacionales por demás satisfactorias. ¡Hasta la Parte II!

Fuentes: Cristina y Rubén

Comentarios

comentarios

Powered by Facebook Comments

banner-costa-pie_noviembre-2016

Super_Tarifa_MSC2

García Fernández Turismo

Alamo Rent a Car

Daily_Travelling_News

Minerbi & Silveira Comunicación Corporativa

Cruise Crew Only

Artefisico

  2 comments for “Un transatlántico con historia familiar

  1. Sebastiano
    5 agosto, 2016 at 07:27

    Hola,

    me alegra encontrar historias como estas, y que hablen de un barco tan bonito que me trae grandes recuerdos de todo un año que pasé viajando (trabajando) en ese buque de la Costa (Eugenio C), es cierto que en una travesia tan corta no puedes conocer mucho de unos barcos tan grandes, realmente es un pueblo por dentro; solamente puedes conocer completamente trabajando en él, y no de travesia de placer, aunque si tuviera que volver a hacer un crucero preferiría desde el lado de turista, claro está, aunque lo valiente no quita lo cortés, y aún tengo muy bellos recuerdos de ese barco, inolvidables. Cuando conoces (hablando figuralmente) cada pasillo con sus puertas, descubres un mundo nuevo, inexplorable. Aún recuerdo mi vuelta al camarote por las mañanas bien temprano (casi de madrugada) cuando estaban trabajando (laborando) en la panaderia y me encontraba con el personal que me recibia con un agradable ¡buon giorno!, además de regalarme una pieza de pan para desayunar. Era formidable sentirte como en tu casa.
    Un saludo

    • 5 agosto, 2016 at 07:31

      Estimado Sebastiano:
      Gracias por compartir ese maravilloso recuerdo con nosotros.
      Saludos

      La Redacción

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *