Una noche en el S.S. Rotterdam

Desde Chile nos llega un nuevo “Reportero x 1 día”, de manos del lector Jaime A. García Thienel. En este particular caso comparte su experiencia a bordo del crucero/hotel S.S. Rotterdam, en la ciudad homónima, en Holanda.

SS Rotterdam

El SS Rotterdam en el muelle donde funciona como hotel flotante

La ciudad de Rotterdam no es sólo el puerto más grande de Europa sino también uno de los mayores del mundo; sin embargo, no es habitual que figure entre los destinos turísticos del viejo continente. Su desarrollo ha estado ligado desde siempre a su relación con la navegación. Para las personas aficionadas al mar, posee un importante Museo Marítimo y aparte de las formas convencionales de transporte, en ella es posible desplazarse también mediante los llamados “water taxi”. Este puerto ofrece a los visitantes, entre otras opciones turísticas, el “Splashtour”, un autobús anfibio que navega por el río Mosa después de hacer un recorrido tradicional por las calles y los puntos de interés.

Con esa larga tradición marinera, acá se fundó exactamente hace 140 años la HOLLAND AMERICA LINE (HAL), una línea para el transporte de mercancías y pasajeros que a partir de 1989 se convirtió en subsidiaria de Carnival Corporation y trasladó su sede a Seattle (USA). El antiguo edificio de la compañía se convirtió entonces  en el actual Hotel “New York”, con una gran cafetería y restaurant en su planta baja, además de una librería y tienda de regalos alusivas al mundo náutico y manteniendo un ambiente marinero tradicional.

Interior Hotel New York

Interior Hotel New York (ex edificio de Holland America Line)

Sin embargo, hacer recientemente una escala en esta ciudad holandesa, tuvo para mí como principal objetivo conocer y hospedarme en el SS ROTTERDAM, anclado en la zona de Katendrecht y convertido desde el año 2009 en un hotel flotante. Este transatlántico fue el orgullo del país y el barco de pasajeros más grande jamás construido en los Países Bajos. Fue el quinto navío de HAL con este nombre, de 38.650 toneladas, con una capacidad de 1.456  pasajeros (401 en 1ª clase y 1.055 en clase turista) y estaba destinado al servicio regular entre Europa y Estados Unidos. En su construcción se usaron finos materiales, revestimientos de madera de varios países y se decoró con muchas obras de arte. Hizo su viaje inaugural el 03 de septiembre de 1959. Como varios otros “liners” de su tiempo, fue construido demasiado tarde por la irrupción simultánea de los aviones a reacción. Así, desde el comienzo ya combinó los viajes de pasajeros con los cruceros, hasta que en 1969 se suspendió definitivamente el servicio regular hacia Nueva York. Una característica muy particular es su escalera central – inspirada en la del castillo de Chambord (valle del Loira) y atribuida a Leonardo da Vinci -, que separaba a los pasajeros de las dos clases pero que por su versatilidad, permitía unir los servicios en una sola categoría cuando la nave se destinaba a cruceros.

Al inaugurarse el sexto barco de la flota con el mismo nombre, fue retirado del servicio el 30 de septiembre de 1997. Lo compró Premier Cruises, rebautizándolo Rembrandt y posteriormente, Big Red Boat IV; su casco fue pintado de un rojo furioso y de muy mal gusto, siendo además despojado tanto de su decoración como de las obras de arte originales. La empresa quebró en el año 2000 y el navío esperaba ser subastado. Se creó entonces una fundación para su recuperación y conservación, evitando presumiblemente su desguace en Alang (India) donde ha sucumbido la mayoría de los grandes barcos navíos. Las posibilidades de volver a navegar se hizo técnica, económica y ambientalmente inviable. Su diseño sin balcones en las cabinas, la falta de proa de bulbo y otras consideraciones también atentaban en su contra. Se optó en consecuencia por remodelarlo y adaptarlo adecuadamente para su nuevo destino como hotel flotante, respetando su decoración y mobiliario estilo años 50 y recreando esa atmósfera de esplendor.

Volvió a su ciudad recién en 2008. En sus espacios se cuenta su historia, aunque se ha omitido mencionar su poca digna época pintado de rojo. Aparte de los servicios de alojamiento en camarotes auténticos y muy espaciosos, cuenta con salones para congresos, eventos, catering, visitas guiadas, tienda de recuerdos y libros náuticos, bar y 2 restaurantes (Club Room formal y Lido para comidas ligeras). Su cine-teatro para 607 espectadores fue el más grande a flote en su época, donde la platea baja estaba destinada a la clase turista y la alta, a los pasajeros de 1ª clase. Aparte de la piscina exterior, posee otra de pequeñas dimensiones y ubicada en la parte inferior, todo al estilo de los antiguos “liners”.

Pernoctar en este clásico barco de hace 50 años, fue un verdadero privilegio y algo que jamás imaginé cuando a pocos meses de haber sido inaugurado, hizo su primer crucero de 49 días alrededor de Sudamérica y siendo adolescente, me tocó contemplarlo fondeado en la bahía de mi natal Puerto Montt (sur de Chile), adonde llegó con el apelativo de ser el “primer barco del mundo construido sin chimeneas”. En aquellos años, la visita de un transatlántico constituía todo un acontecimiento: estos “vapores” aparecían una mañana cualquiera y al día siguiente ya habían zarpado antes del amanecer.

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Fuentes: Gentileza Jaime Agustín García Thienel / Stoomschip Rotterdam / Noticias de Cruceros

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